Estudiame el hígado.

11 Mayo 2009

Paciente mujer, 20 años. A simple vista, perfectamente saludable.

-Doctora, estoy muy preocupada porque creo que tengo mal el hígado.

Médica: -Ajá. Y por qué pensás eso?

Paciente: -Porque siento que me pesa.

Médica: -¿Siempre te pesa?

Paciente: -Sí, desde hace años. Me hice muchos estudios y no me dan nada.

Médica: -¿Cuándo te hiciste lo último?

Paciente: -Hace una semana.

Médica: -¿Te hicieron ecografías y análisis?

Paciente: -Sí, todo. Y una tomoengrafía complutada también. Yo misma se la pedí, es más: se la ordené al médico.

Médica: -Mmm…¿a ver? ¿Tenés esos estudios acá?

Paciente, con cara de satisfacción: -Seee…se los traje todos (y saca la consabida bolsa de Coto repleta de papeles).

Miro los estudios, por orden cronológico. Tiene hecho todo lo que existe, pero todo. Y todo es normal.

Médica: -Mirá, en estos estudios no aparece nada, estás re sana. Igual te voy a revisar.

Paciente, caprichosa: -Pero yo sé que es el hígado. Estoy segura.

Médica con increíble paciencia: -Bueno, vamos a  ver.

El examen físico es normal, excepto unos tremendos, gigantes, monstruosos hongos en las uñas de los pies.

Médica: -Mirá, lo único que te encuentro es un honguito importante en las uñas, pero quedate tranquila porque tu hígado está perfecto.

Paciente: -¿Hongos? Ay, no lo había notado.

Médica (ciega tenés que ser para no haber visto semejante horror): -Se arregla muy fácil, vas a tomar una pastillita una vez por semana por unos meses y listo.

Paciente, con mohín de asquito: -Ah no. Yo no tomo pastillas. Me hacen mal al hígado.

Médica, bastante menos tranquila: -Pero es la única forma de curar esos hongos, y además tu hígado está perfecto. De todos modos, te voy a controlar una vez cada quince días.

Paciente alarmada: -¿Qué? ¿Me va a estropear el hígado y encima me va a ver sólo una vez cada quince días?

Médica (y qué querés, que te lleve a mi casa?): - Esa frecuencia va a estar perfecta porque estás completamente sana.

Paciente enojada: -No. Yo quiero una resonancia!! Un escáner. ¡¡Una biopsia quiero!!

Médica:- ¿Qué? ¿Una biopsia?? ¿Pero vos sabés lo que estás diciendo? No tenés indicación de eso, no es necesario en absoluto, te dije que tu hígado está perfecto.

Paciente, levantándose amenazante: -Ah, así que no me va a pedir una biopsia??

Médica harta: -Pero no entiendo, ¿a vos te gusta sufrir? ¿Querés estar enferma, sentirte mal, someterte a estudios horribles y dolorosos que en tu caso son innecesarios??

Paciente: -Yo quiero asegurarme de que no estoy enferma del hígado.

Médica: -Querida, ya te dije mil veces que tu hígado está bien, ¿cuál es tu problema? ¿No entendés lo que te digo??

Paciente, haciendo caras: -Usted no sabe nada. No está adentro de mi cuerpo. Yo tengo el hígado enfermo y ningún médico se da cuenta. Los médicos me tienen harta, no me quieren hacer estudios.

Médica en piloto automático: -Bueeeno, a ver: ¿qué es lo que querés hacer entonces?

Paciente, agarrando su cartera y su bolsa de Coto: -Ver a otro médico que sepa más que usted y que me pida todo lo que quiero.

Médica, sonriente y haciendo gestito de adiós con la mano:

-Chau.

Paciente indignada: -¿Cómo chau?? ¿Y la pastillita para los hongos??

Médica feliz: – Pedísela al pobre cristo que te atienda la próxima vez.  Suerteeee…

 

Y encima se fue enojada. La gente es increíble.

 


Sabias palabras.

11 Mayo 2009

“El médico es el profesional al que llamamos para que confirme el diagnóstico que previamente nos hemos hecho.
Si coincide con nosotros, nos preguntamos porque lo hemos
llamado;  si no coincide, dudamos de su valor.
Si nos receta algo, pensamos que es mejor que el organismo se defienda solo.
Si no nos receta, pensamos cómo es que se nos va a pasar la enfermedad.
Cuando nos curamos, nos enorgullecemos de nuestra naturaleza.
Cuando nos empeoramos, maldecimos la torpeza del médico.
Si el médico es joven, decimos que no puede tener experiencia. Si es viejo, que no debe estar actualizado.
Si sabemos que va al teatro, que no se da tiempo para estudiar.
Si no sabe nada de teatro, que es un unilateral que desconoce la vida.
Si se viste bien, que quiere nuestro dinero para lujos.
Si se viste mal, que no trabaja porque no sabe nada.
Si viene varias veces, pensamos que acrecienta las visitas porque quiere
aumentar sus honorarios.
Si viene pocas, que abandona al enfermo.
Si nos explica lo que tenemos, que nos quiere sugestionar.
Si no nos explica, que no nos considera suficientemente inteligentes para entenderlo.
Si nos atiende enseguida, creemos que no tiene pacientes.
Si nos hace esperar, que no tiene método.
Si nos da el diagnostico de inmediato, que nuestro caso es fácil.
Si tarda en dárnoslo, que carece de ojo clínico.

El médico es el máximo pretexto de nuestra disconformidad.”

Dr. Florencio Escardó.

Traumatólogo jueputa.

13 Abril 2009

Hospital, 3 de la tarde. Llamada por altoparlante: politraumatismo en camino, se solicita la presencia de clínico y traumatólogo en rampa de guardia.

Clínica de guardia (o sea, yo) : responde al llamado y espera al paciente junto con los enfermeros y todo el equipo listo. Bueno, todo no: el traumatólogo no estaba.

Paciente que ingresa en ambulancia: politraumatismo por accidente vial, conductor de moto con casco. Traumatismo encéfalocraneano sin pérdida de conocimiento. Examen neurológico normal, examen físico: angulación extraña en fémur derecho.

Segundo llamado por altoparlante al traumatólogo. Nada.

Inicio la evaluación y atención del paciente. Solicito las radiografías de rigor, los análisis de laboratorio, indico analgesia y suero, tranquilizo al paciente y a su familia. Hago todo lo que me correspondía a mí y también lo que debió haber hecho  el traumatólogo, que sigue sin venir.

Tercer llamado al traumatólogo. Cantan los grillos.

El cuarto llamado lo hago yo misma, pero a los gritos.

Aparece el traumatólogo de guardia: ambo rozado por el uso con botones entreabiertos a la altura de la panza. Se le ve  el ombligo. Tiene lagañas post siesta, resaca post empastillamiento y la mirada muy, pero muy  vidriosa. Se refriega los ojos, aparentemente encandilado.

Recibo los resultados del paciente: todo normal excepto la evidente fractura expuesta en fémur derecho.

Médica, dirigiéndose al traumatólogo zombie: -Che, ya evalué al  paciente y todo lo que tiene es traumatológico, te lo cuento así vas a verlo…

Traumatólogo, despatarrado en el sillón de cuerina y hojeando el diario: -Mmm…seee. Bah, mejor pedile las placas antes.

Médica clínica, impaciente: -Obvio que ya se las pedí y también las vi. Están en la camilla con el paciente.

Traumatólogo, deslizándose hacia abajo en el sillón: -A ver? Traémelas.

Médica, caliente:  -No soy tu secretaria.  Andá a ver al paciente!!

Traumatólogo, distraído con el suplemeto Olé: -Ajá…bueno, llamalo al residente y que lo vea él.

Médica perdiendo la poca compostura que le quedaba: -Pero pelotudo, vos sos el traumatólogo de guardia! Hacete cargo!!

Traumatólogo: -Que lo vea el residente. ¿Ya le hiciste la historia?

(Aclaración: la historia clínica debe hacerla el médico que interne al paciente, según la patología que presente. O sea: en este caso, le tocaba al traumatólogo).

Médica: -Claro, tuve que hacer tu trabajo porque vos dormías mientras todos dábamos vueltas con tu paciente.

Traumatólogo: -Estaba ocupado.

Médica furiosa: -Durmiendo la siesta, estabas ocupado.  ¡¡Sos un caradura!! Hoy todos tus pacientes los vimos los clínicos. Siempre hacés lo mismo, vago de mierda, pero se te va a acabar.

Traumatólogo, acomodándose en el sillón del estar y bostezando: -…

Médica con instinto asesino aflorando: -Vas a ver al paciente, sí o no??

Traumatólogo, cerrando los ojos: -…

Médica: -Mirá flaco, el responsable de este paciente sos vos. Lo ves ya mismo como corresponde o escribo en la historia que te pedí la interconsulta hace una hora y no viniste!

Traumatólogo, desperezándose: -Bue, ya voy.

(Ronquido).

El paciente, claro, no tiene la culpa. Así que le  indiqué plan de analgesia para 24 horas, volví a verlo, hablé con su familia y amablemente les  expliqué dónde podían encontrar al traumatólogo: durmiendo. Después, mientras los familiares se dirigían raudos a buscarlo, detallé prolijamente en la historia clínica  las horas y minutos de cada una de las veces que llamé al traumatólogo y no vino.

A los dos minutos se escucharon gritos destemplados desde el estar médico donde el traumatólogo reposaba. Escuché hasta “yo te pago el sueldo, lacra”,  y me fui a buscar un capuccino.

Estaba riquísimo.


Necesito un certificado

13 Marzo 2009

Paciente sesentón, tremenda cara de libidinoso: -Pichona, vengo para que me hagas una gauchadita.

Médica (pichona las pelotas): -Ajá.

Paciente: -Yo soy un tipo grande, viste? Y bueno, hace mucho que no la pasaba taaan bien…

Médica (ay, si me cuenta intimidades sexuales me mato): -¿Y entonces?

Paciente: -Mirá, resulta que mi mujer está en lo de mi suegra, que está enferma, y viste cómo somos los hombres, no? Jojo…una canita al aire no viene mal…entonces aproveché y anoche me levanté  a la rubia esta que es un camión…tiene 18 años…y bueno: falté al trabajo, jojojo.

Médica, suspicaz: -Ah, y después se enfermó y por eso vino a verme?

Paciente: – Jojojo, no, vine porque quiero un certificado.

Médica: -Ajá…un certificado. ¿Que diga qué?

Paciente: -Y qué sé yo, inventame una gripe o algo así para que pueda faltar al trabajo una semana.

Médica (qué caradurez): -¿Y por qué una semana? ¿Para tener tiempo de reponerse?

Paciente: -Nooo, si yo soy un toro! Es porque mi mujer no vuelve hasta dentro de una semana, y le dije a la rubia que soy separado…así que vamo’ a tener fiesta, jojojo. Pero no me quiero perder el presentismo del laburo.

Médica (este pelotudo quiere la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos): -Ah, ya entiendo. Le pongo que tiene una diarrea machaza, quiere?

Paciente: -Ehh…no puede ser otra cosa?

Médica (y sos quisquilloso, encima): -Mire, yo no hago certificados falsos, pero el urólogo del consultorio de al lado  por ahí  se lo hace. Eso sí, va a poner que tiene una venérea asquerosa y que el pito le supura como un volcán, porque él también está harto de los vivos como usted.

Paciente ofendido: -¡Bueno, yo solamente le estaba pidiendo un favor!

Médica (parándose y dando por finalizada la consulta): -Los favores pídaselos a sus amigos. Venir a pedirme un certificado trucho es una falta de respeto. Hasta lueeeeeegooooo….

Cagador, ventajero y libidinoso. Y encima se le juntaba saliva en las comisuras de la boca.

Todos me tocan a mí.


Las cosas que hay que escuchar

21 Febrero 2009

Estoy erupcionando (creo que el señor tenía gastritis, pero no me supo decir otros síntomas).

Me parece que tengo diarrea, cago diez veces por día (finísimo).

Me andan mal las órbitas (van a chocar los planetas, seguro).

La pija no se me para más (no se anda con eufemismos, el tipo).

Yo tengo la diabetis pero no tomo los remedios porque ando bárbaro y no siento nada (glucemia del momento de la consulta 422 mg%: una bomba de tiempo).

Doctora, ¿a usted le apasiona un tanto leer? (sí, un tanto nomás).

Estoy todo desarreglado (paciente con una infernal cantidad  de  síntomas, imposibles de condensar en un síndrome).

Vengo porque tengo un compañero enfermo (el compañero era un testículo, aclaro).


Mucho, poquito, nada

20 Febrero 2009

Médica: -Dígame, hace mucho que siente ese dolor en la espalda?

Paciente: -Mucho…mmm…no sé, cuánto es mucho? ¿Una semana, un  mes, o un año? 

Médica: -Mucho es un año, por ejemplo.

Paciente: -Y, más o menos así.

Médica: -Ajá. ¿Y qué pasó con los tratamientos que hizo?

Paciente: -Tratamientos…¿usted dice si tomé pastillas?

Médica: -Sí.

Paciente: -Sí, tomé.

Médica: -¿Se acuerda de cuáles?

Paciente: -Una amarilla, unas verdecitas así, chiquitas, también unas rojas que me caían mal y me hacían doler acá, y otras rosadas que…

Médica: -Está bien, no importa.  Por ahora le voy a pedir estos estudios, lo voy a medicar y en una semana quiero volver a verlo.

Paciente: -¿Y qué me va a dar?

Médica: -Un analgésico muy bueno, se va a sentir mejor.

(Escribo y lleno un formulario de dos hojas  de la obra social del paciente para que le descuenten 2 $ en la compra del remedio. Creo que me preguntan  cuánto calza el tipo y todo).

Paciente: -¿Y cómo lo tengo que tomar?

Médica, escribiendo: -Deme un minuto que ya le explico.

Paciente: -Porque yo tengo miedo de confundirme con las otras pastillas que tomo, ¿es a la mañana que lo tengo que tomar?

Médica, nerviosa: -Señor, deme un minuto que termino de llenar el formulario y ya le escribo las indicaciones.

Paciente: -Que sea con letra clara para que lo entienda el farmacéutico, y grande, porque el otro día fui al oculista y me dijo que tengo que usar unos anteojos nuevos porque…

Médica: (Noooooooo, la puta madreeeee. Me hizo equivocar!! Tengo que escribir todo de nuevo!!) -Tiene otro formulario? Me equivoqué y no se puede tachar ni salvar.

Paciente, irritado: -Doctora, a mí cada uno de esos formularios me cuesta 1 $! ¡Preste más atención!

Médica, desquiciada: -¡Pero no puedo prestar atención si usted me habla sin parar! ¡Por favor espere mientras lo completo!

(Empiezo de nuevo el puto formulario).

Paciente: -¿Son comprimidos, cápsulas o inyectable?

Médica (ay pero por dios!): -¡¡Señoooooooooorrrrrr!!! ¡¡Se lo pido por favor !!!

Paciente ofendido: -Bueno, qué carácter.

Médica, suspirando hondo: -Listo. Y ahora le escribo en esta otra receta cómo tiene que tomar el analgésico.

El paciente la lee. Pone cara de no estar convencido:

Paciente: -Cada 8 horas, cada 6 o cada 12?

Médica (ahh, pero es insoportable!): -Cada 8, señor, como dice el papel.

Paciente: -Y lo tengo que tomar con jugo, con agua o con leche? Porque leí que algunas cosas se absorben mejor con leche, por ejemplo…

Médica, indignada: -Con agua.

Paciente: -Y tomo primero la rosadita de la presión, la verde de la próstata o esta que usted me da?

Médica, de pésimo humor: -¡Es indistinto!!

Paciente: -¿Pero no pasa nada si mezclo? Porque leí que algunos remedios…

Médica (basta, te callás!): -No, señor, no pasa nada.

Paciente: -Ah, ya que estamos, me hace un certificado para que haga reposo? Así no puedo ir a trabajar, no?

Médica: -Claro que usted puede trabajar. Hace un año que siente el mismo dolor y no le impide moverse, así que puede ir a trabajar.

Paciente a los gritos: -Qué, no me va a hacer un certificado??

Médica al borde del infarto: -No, señor, no es necesario que haga reposo.

Paciente re sacado: -Ahhh, bueno!!! Así que usted decide si yo tengo o no que hacer reposo!!!

Médica pensando que se va a ir a la mierda y va a abandonar la medicina: -Señor, tome el medicamento, hágase los estudios y vuelva cuando tenga los resultados.

Paciente: -Claaaaaaaaaro, se nota que a usted no le duele!! Y yo me tengo que ir así, lisiado, a trabajar!!!

Médica (ay, ya no puedo más) : -Usted no está lisiado y lo único que tiene es un dolor muscular.

Paciente: -Esto es increíble!! Me voy a quejar a la obra social!!!

Médica, completamente harta: -Vaya a donde quiera y en lo posible no vuelva.

Paciente en brote: -Abandonooooo!!! Abandono de personaaaaaaaa!!!!!!! La voy a denunciaaarrrrr!!!

Se fue gritando. Creo que en la sala de espera paró, me insultó y después siguió gritando.

Ese paciente se llevó los 15 minutos del siguiente, y del siguiente a ese, también. Llevaba media hora de atraso por culpa de este tipo. Cuando llamé al próximo, entró con mala cara, no me saludó y me dijo:

Paciente nuevo: -¿Usted siempre demora tanto con cada paciente? ¡Es increíble! Cuando salga de acá, me voy a quejar, sépalo.

A veces quisiera que todos pero todos los pacientes murieran  en la sala de espera, y que cuando los llame el silencio sea como un bálsamo que inunde mi alma de felicidad.


Que te parta un rayo

20 Febrero 2009

Lluvia torrencial, sala de espera repleta. Paciente mujer, 53 años, primera consulta.

-Vengo porque tengo un montón de problemas, le cuento?

Médica: (Ay)- Bueno, cuénteme…

Paciente: -Se me hincha la nuca.

Médica: -¿Qué?

Paciente: -La nuca, acá atrás de la cabeza.

Médica: (sí, ya sé dónde queda) - ¿Cómo que se le hincha??

Paciente: -Sí. Además se me oscurecen las venas que van de la mano derecha al corazón; cuando me pasa eso se me calienta la cabeza. Y se me cierra el corazón y no deja entrar los glóbulos, por eso me ahogo.

Médica: (Ahhh) -¿Y desde cuándo le pasan esas cosas?

Paciente: -Desde que me electrocuté.

Médica: (No te puedo cre-errr) -¿Se electrocutó? ¿Cómo fue eso?

Paciente: -Y, recibí 10.000 voltios tres veces. Cada vez que hay tormenta, me electrocuto de nuevo.  Se me vienen los rayos encima.

Médica: -Mire, señora, vamos a hacer una cosa:  le voy a pedir unos análisis de sangre, y le voy a indicar una pastillita. Se va hasta la farmacia, y…

Paciente: -¡Pero no puedo salir!

Médica: -¿Y por qué no puede?

Paciente: -¿No ve que está lloviendo? Si salgo ahora me electrocuto.

Médica: – Ah, cierto. Esperamos que pare y se va, le parece?

Paciente: -Mmm…no sé qué decirle: siempre que no se inunde, mire, porque si hay agua en la calle me sube por los pies y me llega al pulmón, y me ahogo. ¿ Le dije que me ahogué dos veces? Y lo peor es que me llega a las órbitas…

Médica: -Ya sé: le decimos al señor de seguridad que ordene que pare de llover ya mismo, y que no caigan rayos. ¿Le parece?

Paciente: -Ay, sí! Mañana sin falta le traigo un vino a ese señor, es tan amable!


15 minutos

15 Febrero 2009

En el privado en el que trabajo me citan a los pacientes cada 15 minutos. Es obvio que ese lapso de tiempo no es suficiente para atender bien a nadie, mucho menos si es la primera consulta o si lo que lo hace venir es más que una gripe.

Reclamé muchas veces, sin resultados. Fui a hablar con el director médico, con el jefe de administración, con el dueño. Me explican que los estándares internacionales dicen que ese tiempo es suficiente. Tal vez lo sea, en Noruega.

Pero además, me ponen sobreturnos. O sea, mi agenda es por ejemplo así:

Fernández 14 hs

Lacella 14.01

Rubinstein 14.05

Peralta 14.15

Y sigue de la misma manera.

El sanatorio logra que yo atienda en 4 horas a 25 pacientes, en lugar de 16. Y que le regale dos o tres horas de mi tiempo.

A ninguno de esos pacientes que van a quejarse por mi demora a la dirección se les cruza, ni remotamente, que a mí no me gusta tener que atender así. Que me canso, que me estreso, que regalo mi tiempo. Ellos se enojan porque tardo, y tienen razón, pero hacen el reclamo incorrecto en el lugar indebido.

Aguanté seis meses. Harta de las puteadas y de sentir que mi esfuerzo no valía nada, renuncié.

Ahora, los mismos pacientes que se quejaban de mí, me llaman al celular para decirme que soy una desalmada por haberlos abandonado. Si no atiendo, me dejan mensajes airados diciendo que yo juré por Hipócrates y que tengo una obligación que cumplir.

Ah, y el sanatorio me debe cuatro meses.


Burocracia absurda

29 Noviembre 2008

Tengo un paciente que debió ser amputado después de un accidente de tren, hace diez años. En ese momento, y por la gravedad de las lesiones, se le realizó una biamputación infrapatelar (o sea, tiene las dos piernas cortadas un poco por debajo de la rodilla). Es joven, está desempleado, y camina con prótesis.

Hace poco vino a verme porque necesitaba cambiar las piernas, como él dice. Las prótesis están viejas, vencidas y rotas en el lugar donde calza el muñón: ya no le sirven. Y aunque es el Estado quien le provee las prótesis, y el paciente va a la misma oficina gris y deprimente hace años, y todos allí lo conocen y lo llaman por su nombre, igual le exigen un certificado que diga que no tiene piernas.

¿Estamos todos locos?? Los empleados que hacen el trámite, ¿son ciegos o solamente pelotudos? El tipo no tiene piernas, por dios, eso es obvio!! Y está obligado a llevar un papel que diga lo que cualquier imbécil puede deducir con sólo mirarlo.

Es un mal chiste, una pesadilla, una humillación tremenda y absolutamente evitable.

La burocracia, además de absurda, también puede ser obscena.


Ubicate un poco

17 Noviembre 2008

Fiesta de cumpleaños de X. Mucha gente, buena música, luces bajas, velas. Tomo una copa de buen tinto mientras compartimos una fondue de queso, charlando con amigos. Señor desconocido y comiendo como si fuera la última vez, que me mira en forma insistente desde la otra punta de la mesa.

De golpe se me viene al humo como tiburón que huele sangre.

Desubicado: -Che, me dijeron que sos médica, no?

-Sí (se viene el mangazo)

Desubicado: -Decime, tengo un dolor acá atrás, en la espalda, desde hace como un año, qué podrá ser?

(Naaaaaaaaah) -Muchas cosas. Un montón de cosas.

Desbicado: -¿Pero es grave?

(Ay, qué pesado. Y qué pelotudo) -Mirá, tendría que revisarte, hacerte unas preguntas, tal vez pedirte algún estudio…

Desubicado, muy predispuesto: -Bueno, dale, te respondo todo.

-Ok. Sacate la ropa.

Desubicado con cara de sorpresa: -Acá, en medio de la fiesta??

-Sí, acá. Ponete en bolas ya.

Desubicado con mala onda: -Es un chiste, no?

-No. Es la respuesta para boludos desubicados y aprovechadores como vos.

El tiburón se dio media vuelta y no volvió a dirigirme la palabra por el resto de la noche.

Después supe que anduvo diciendo que tengo mal carácter y que no soy buena médica porque no me gusta mi profesión y porque no quise contestarle una preguntita.

Matate, vampiro oportunista.