La insoportable levedad del ser

16 Agosto 2009

Paciente varón, 60 años.

Paciente: -Doctora, yo le voy a contar, lo mío es largo…

Médica (ay, no): – Diga, señor.

Paciente: -Mire, yo no tengo livianez. Algo se me pone a trabajar adentro y se me aparece la euforia abdominal, acá, ve?

Médica (dios mío ayudame te lo pido porfavor): -Ajá…

Paciente: -Y lo peor es que no me pulsan los riñones.

Médica: -¡No me diga!¡Qué problema!

Paciente: -La solución mía está basada en la idea que tiene mi testino para seguir en la lucha. Pero lo peor es la livianez generalizada.

Médica (mmm, cuando salgo compro queso cuartirolo, masa de tarta tengo, un vinito blanco…): -Seee, claro.

Paciente: -Al no comunicarle que es porque existe algo que le quiero comunicar. ¿Me entiende, no?

Médica (ah, y un poco de queso en hebras): -Ajá.

Paciente: -Tengo problemas de olvido, yo. Es lo único que me pasa, otra cosa no tengo. Pero me emepzó cuando yo manejaba camiones de acompañante. ¿Usted me entiende, no?

Médica (lalalalalalalalala….): -Lo entiendo perfectamente.

Paciente: -Y entonces qué hacemos?

Médica: -Se toma esta pastillita y se le pasa todo. Hasta luego.

 

Mientras el tipo me hablaba, yo escribía esto y le daba una aspirineta. Y pensaba que no soporto más.

Y no, claro que no soy psiquiatra.

 

 


Lupanar

16 Mayo 2009

Una mujer es evaluada en la guardia de una clínica renombrada de la ciudad, en Barrio Norte. Luego de ser asistida por un clínico, se le indica una ecografía ginecológica. Aunque no es urgente, le realizarán el estudio por guardia. La acompaña su marido, un señor de unos cincuenta años.  Se trasladan hacia el piso de estudios por imágenes y esperan en la sala. La ecografista  se demora porque tiene una urgencia: está realizando una ecografía en un paciente con traumatismo cerrado de abdomen que tal vez deba ser intervenido quirúrgicamente.

El marido se impacienta, la mujer no dice nada. Pasan veinte minutos, el tipo camina por la sala de espera y empieza a despotricar.

Marido de la paciente: -Yo no sé qué hacen ahí adentro. No puede ser que demoren tanto, es una barbaridad.

Golpea la puerta del consultorio, donde hay  un cartel que dice: “por favor no golpee, aguarde su turno”. La ecografista, que está ocupada, no abre la puerta. El marido de la paciente golpea de nuevo, con más insistencia. Nada. El señor va entrando en calor. Habla solo. Camina por todos lados sin parar. Se para frente a la puerta y la golpea con furia, mientras grita: -A ver si se apuran!!! Qué pasa? Pero qué pasa ahí??

La ecografista lo escucha pero no puede atenderlo, sigue buscando lesiones internas en el abdomen del paciente que está atendiendo.

Después de 10 minutos, se abre la puerta y la ecografista sale, diciéndole al señor que por favor la esperen unos minutos más porque debe ir hasta la guardia para hablar con el cirujano que solicitó el estudio del paciente que acaba de atender.

El señor monta en cólera y grita cosas que la ecografista no escucha, porque se fue a resolver la urgencia.

Mientras tanto, y sin que la ecografista lo sepa, el señor enojado entra por su cuenta al consultorio de ecografía.

Cuando la especialista vuelve, la pareja no está en la sala de espera. Los busca, los hace llamar por altoparlante, y nada. Como no tiene otros pacientes, entra a la sala de ecografía y se pone a terminar informes pendientes.

De golpe abren la puerta y entra el marido de la señora que debía hacerse el estudio.

Marido de la paciente, indignadísimo: – Ahhh, por fin la encuentro!!

Ecografista: -Señor, por favor dígale a su esposa que pase.

Marido de la paciente: -Quéee?? Ni loco dejo entrar acá a mi esposa!! Desvergonzada!! Esto es un antro!!!

La ecografista no entiende nada.

Ecografista: -Qué es lo que pasa, señor?

Marido de la paciente, lanzando una carcajada socarrona: -Qué pasa?? La señorita pregunta qué pasa?? Mosquita muerta, eso es lo que es usted: no le da vergüenza??

Ecografista confundida: -Señor, qué pasa? No lo entiendo…

Marido de la paciente: -Pero claaaaro que me entiende!!! Esta clínica es un hotel, un hotel alojamiento encubierto!!  Mucho lujo, mucho médico con uniforme, pero es una vergüenza!!

Ecografista pasmada: -Señor, le pido que se tranquilice. No entiendo de qué habla.

Marido de la paciente: -Pre-ser-va-ti-vos, me entiende?? De eso estoy hablando!! O sea, ya entiendo por qué demoraba tanto. En vez de trabajar, esa señorita hace quién sabe qué cosas ahí adentro!!! Es un atropello, un bochorno, esto es un lupanarrr!!!

Ecografista: -Pero qué dice??

Marido de la pciente: -Y encima se hace la inocenteeeee!!! Hablo de los forros que tiene sobre el escritorio!!! Hablo de que usted se esconde ahí para tener relaciones con quién sabe quién, en su horario de trabajo!! Voy a llamar a los medios, esto no va a quedar así!!! A La Quiaca la van a mandar a hacer ecografías cuando yo termine con usted!!!

Ecografista: -Señor, los preservativos que vio se usan para hacer las ecografías transvaginales. O cree que el mismo transductor se coloca en la vagina de las 20 mujeres al día que viene a hacerse el estudio? Usted es un bruto, un ignorante y un maleducado!!!

Marido de la paciente, completamente rojo de furia: -Agggghhhh, mentirosa!!! Me quiere convencer como a un chico de primaria!!! Usted no tiene vergüenza!!! Nio piense en tocar a mi esposa con esas manos. Nos vamos, esta clínica es un asco.

Mientras se iban, el hombre seguía gritando lupanar, esto es un lupanaaaaaar.


Mucho, poquito, nada

20 Febrero 2009

Médica: -Dígame, hace mucho que siente ese dolor en la espalda?

Paciente: -Mucho…mmm…no sé, cuánto es mucho? ¿Una semana, un  mes, o un año? 

Médica: -Mucho es un año, por ejemplo.

Paciente: -Y, más o menos así.

Médica: -Ajá. ¿Y qué pasó con los tratamientos que hizo?

Paciente: -Tratamientos…¿usted dice si tomé pastillas?

Médica: -Sí.

Paciente: -Sí, tomé.

Médica: -¿Se acuerda de cuáles?

Paciente: -Una amarilla, unas verdecitas así, chiquitas, también unas rojas que me caían mal y me hacían doler acá, y otras rosadas que…

Médica: -Está bien, no importa.  Por ahora le voy a pedir estos estudios, lo voy a medicar y en una semana quiero volver a verlo.

Paciente: -¿Y qué me va a dar?

Médica: -Un analgésico muy bueno, se va a sentir mejor.

(Escribo y lleno un formulario de dos hojas  de la obra social del paciente para que le descuenten 2 $ en la compra del remedio. Creo que me preguntan  cuánto calza el tipo y todo).

Paciente: -¿Y cómo lo tengo que tomar?

Médica, escribiendo: -Deme un minuto que ya le explico.

Paciente: -Porque yo tengo miedo de confundirme con las otras pastillas que tomo, ¿es a la mañana que lo tengo que tomar?

Médica, nerviosa: -Señor, deme un minuto que termino de llenar el formulario y ya le escribo las indicaciones.

Paciente: -Que sea con letra clara para que lo entienda el farmacéutico, y grande, porque el otro día fui al oculista y me dijo que tengo que usar unos anteojos nuevos porque…

Médica: (Noooooooo, la puta madreeeee. Me hizo equivocar!! Tengo que escribir todo de nuevo!!) -Tiene otro formulario? Me equivoqué y no se puede tachar ni salvar.

Paciente, irritado: -Doctora, a mí cada uno de esos formularios me cuesta 1 $! ¡Preste más atención!

Médica, desquiciada: -¡Pero no puedo prestar atención si usted me habla sin parar! ¡Por favor espere mientras lo completo!

(Empiezo de nuevo el puto formulario).

Paciente: -¿Son comprimidos, cápsulas o inyectable?

Médica (ay pero por dios!): -¡¡Señoooooooooorrrrrr!!! ¡¡Se lo pido por favor !!!

Paciente ofendido: -Bueno, qué carácter.

Médica, suspirando hondo: -Listo. Y ahora le escribo en esta otra receta cómo tiene que tomar el analgésico.

El paciente la lee. Pone cara de no estar convencido:

Paciente: -Cada 8 horas, cada 6 o cada 12?

Médica (ahh, pero es insoportable!): -Cada 8, señor, como dice el papel.

Paciente: -Y lo tengo que tomar con jugo, con agua o con leche? Porque leí que algunas cosas se absorben mejor con leche, por ejemplo…

Médica, indignada: -Con agua.

Paciente: -Y tomo primero la rosadita de la presión, la verde de la próstata o esta que usted me da?

Médica, de pésimo humor: -¡Es indistinto!!

Paciente: -¿Pero no pasa nada si mezclo? Porque leí que algunos remedios…

Médica (basta, te callás!): -No, señor, no pasa nada.

Paciente: -Ah, ya que estamos, me hace un certificado para que haga reposo? Así no puedo ir a trabajar, no?

Médica: -Claro que usted puede trabajar. Hace un año que siente el mismo dolor y no le impide moverse, así que puede ir a trabajar.

Paciente a los gritos: -Qué, no me va a hacer un certificado??

Médica al borde del infarto: -No, señor, no es necesario que haga reposo.

Paciente re sacado: -Ahhh, bueno!!! Así que usted decide si yo tengo o no que hacer reposo!!!

Médica pensando que se va a ir a la mierda y va a abandonar la medicina: -Señor, tome el medicamento, hágase los estudios y vuelva cuando tenga los resultados.

Paciente: -Claaaaaaaaaro, se nota que a usted no le duele!! Y yo me tengo que ir así, lisiado, a trabajar!!!

Médica (ay, ya no puedo más) : -Usted no está lisiado y lo único que tiene es un dolor muscular.

Paciente: -Esto es increíble!! Me voy a quejar a la obra social!!!

Médica, completamente harta: -Vaya a donde quiera y en lo posible no vuelva.

Paciente en brote: -Abandonooooo!!! Abandono de personaaaaaaaa!!!!!!! La voy a denunciaaarrrrr!!!

Se fue gritando. Creo que en la sala de espera paró, me insultó y después siguió gritando.

Ese paciente se llevó los 15 minutos del siguiente, y del siguiente a ese, también. Llevaba media hora de atraso por culpa de este tipo. Cuando llamé al próximo, entró con mala cara, no me saludó y me dijo:

Paciente nuevo: -¿Usted siempre demora tanto con cada paciente? ¡Es increíble! Cuando salga de acá, me voy a quejar, sépalo.

A veces quisiera que todos pero todos los pacientes murieran  en la sala de espera, y que cuando los llame el silencio sea como un bálsamo que inunde mi alma de felicidad.


Cosas que odio

14 Noviembre 2008

Los pacientes que te tosen en la cara.

Los que no saben desvestirse para ser revisados (por dios, estamos hablando de gente adulta!)

Los que mienten enfermedades para obtener un certificado, y encima están convencidos de que te pueden engañar como si tuvieras 5 años.

Los que vienen con nenes que te revuelven los papeles, corren por el consultorio, pegan alaridos y te toquetean el sello.

Los que no se bañan antes de venir a la consulta y te calcinan el bulbo olfatorio con su olor a camembert rancio.

Los que apenas los tocás, saltan y se retuercen como poseídos (y no tienen un abdomen agudo, ni ninguna otra cosa grave, obvio).

Los que te guían la mano mientras estás palpando y recién empezás: ahí no, doctora, es un poco más allá, no, más allá…

Los desorientados en el tiempo. Vienen porque no menstrúan, les preguntás cuándo fue su último período y te contestan ah, ni idea, a ver…el Nacho ya había nacido…no, fue antes…mmm, no sé. O vienen porque tienen tos, y querés saber hace cuánto y te dicen: Y, no sé, mucho (como si fuera igual toser hace siete días que hace siete meses).

Los que te miran con cara de vaca que ve pasar el tren cuando les decís que se suban a la camilla. Y no se suben. ¿Te tengo que hacer upa, pelotudo?

Los que vienen a buscar recetas y te dicen: esa pastillita rosa, chiquita, esa que es para el corazón.

Los que se autoderivan a distintos especialistas. Van a tantos, y por tantas cosas distintas, que cuando llegan al clínico y los ves, querés matarte porque no entendés nada.

Los que te piden una receta de psicofármacos para el vecino, que es tan bueno.

Los hipocondríacos que todo el tiempo están seguros de que van a morirse esa noche.

Los que exigen una derivación a otro especialista cuando no es necesario en absoluto (roncha estúpida por picadura de mosquito, pero yo quiero ver al dermatólogo, esto puede ser grave).

Los que vienen con una bolsa de supermercado llena de estudios, la mayoría inútiles, no relacionados en absoluto con el resfrío pedorro que los hizo venir a esta consulta, o tan antiguos que tienen moho.


Todo lo que me pasa

20 Agosto 2008

Mujer, 30 años. Primera consulta.

Médica: -¿Qué le anda pasando?

Paciente: -Espere…(busca en su cartera, saca un papel manuscrito). ¿Le leo?

Médica: -¿Qué cosa?

Paciente: -Lo que tengo.

Médica: -¿Lo trajo escrito?? (por dios!)

Paciente: -Sí, porque me olvido y son muchas cosas. Tantas…que usted no me va a poder ayudar.

Médica: -Bueno, vamos a ver…(que empiece el suplicio)

Paciente, tomando aire: – Se me duermen los brazos por partes. A veces de día, otras de noche. La cabeza se me explota pero sólo cuando tomo Fanta. Me caminan bichos por debajo de la piel. Se me pierde la vista (los sábados). Me duelen las raíces del pelo del lado izquierdo.
Pienso que me estoy por morir (todo el tiempo). Me late el corazón, peor a la mañana.
Se me calientan las venas del cuerpo. El ombligo, a veces, se me hunde y se conecta con el péndis. Yo sé bien cómo puede pasar esto porque a mí me operaron del péndis hace mucho. Para mí que se equivocaron y todavía lo tengo. Sigo.
La menstruación es rara, yo sé cuándo va a venir pero a veces, no sé, es como de otra persona, me entiende? El orín es fuerte, y a veces, si reniego mucho, es negro.

Médica, estupefacta: -…

Paciente, ansiosa:-¿Qué le parece lo que tengo, doctora?

Médica, obnubilada: -¿Dígame, consultó alguna vez a un psiquiatra?

Paciente, ofendida: -Yo no estoy loca.

Médica: -No dije eso, sólo le pregunto si alguna vez fue a ver a uno.

Paciente: -Pffff, montones de veces. El último me dijo que viera a un clínico, y me la recomendó a usted. Me dijo que me tenía que pedir análisis de todo, resonancias y tomografías del cuerpo y la mente.

Juro que cuando encuentre a ese psiquiatra hijo de un vagón de putas, lo corto en fetas.


Germecida

18 Agosto 2008
Paciente varón, desaliñado, olor a transpiración, mirada socarrona y tonito prepotente.

Paciente: -Quiero un jabón germecida.

Médica de guardia: -¿Para qué lo necesita, señor? Los que hay tienen indicaciones muy precisas (¿germecida?)

Paciente: -Sí, yo preciso el jabón.

Médica de guardia: -Me refiero a que se usan en casos específicos. ¿Usted qué problema tiene? (pero qué pelotudo)

Paciente: -Quiero un jabón germecida.

Médica de guardia: -No entiendo. ¿Usted quiere algo que lo desinfecte? (haceme el favor de meterte en un tacho con amoníaco y desinfectate todo, querés)

Paciente: -No, quiero un jabón germecida.

Médica de guardia: -¿Pero usted tiene algún problema en la piel?

Paciente: -No.

Médica de guardia, harta: – Mire señor, vaya a la farmacia y compre ahí lo que quiera (salí de mi vista, pedazo de infeliz).

El paciente se levanta y llega hasta la puerta. De golpe para, se da vuelta, y dice:

-Además tengo hongos.

Médica de guardia, irritada: -¿Para eso quiere el jabón? No le va a servir, necesita otra cosa. ¿Me muestra los hongos? (tus hongos me importan una mierda, me apestaste el consultorio)

Paciente: -¿Para qué? Son hongos.

Médica de guardia, a punto de perder definitivamente la paciencia: -Muéstreme para que pueda ver qué tipo de hongos tiene (lo odio, lo odio tanto).

Paciente, inmutable: -Hongos nomás. Y quiero una crema.

Médica de guardia le da una muestra gratis de crema antimicótica: -Bueno, se aplica esta crema a la mañana y a la noche por una semana, y listo (bien ahí!, me lo saqué de encima)

El paciente pone cara de experto concentrado, parado en el medio del consultorio:

-¿A ver? (saca la crema de su envase, lee el prospecto que sostiene al revés). -Ah, no, esta crema no sirve.

Médica de guardia: -¿Pero cómo que no sirve?? ¡Me dijo que tiene hongos en los pies !! (no puede ser, esto no está pasando)

Paciente: -No sirve. Tiene que ser germecida.

Médica de guardia, al borde del colapso: -¡Le digo que este medicamento es bueno y sirve para su problema! (pero la reputísima madre que te parió, pedazo de pelotudo!!).

Paciente: -¿Es germecida?

Médica de guardia, en trance: – Claro, germecida potente (te mato hijo de puta te mato)

Paciente: -Entonces me voy a comprar el jabón, nomás.


Chávez

18 Agosto 2008
Chávez llora. A los gritos. No es que llore porque está triste, ni porque perdió algo, ni porque siente algún dolor físico. Sólo llora, todo el tiempo, y si le hablás y tratás de calmarlo, aúlla. El tipo es así. Ya conozco a este paciente. Está mal de la cabeza pero no es mi  culpa. Y no soy psiquiatra. Lo veo venir y me descompongo por el sólo hecho de saber lo que va a pasar.
Le pido que se calme. Nada. Sigue llorando a mares. Cada vez más fuerte. Grita. Se arranca los pelos.

-A ver, Chávez, aflojá un poquito. Dale, decime qué te pasa.
Pero Chávez mira a la nada y llora.
-Viejo, decime qué te pasa, a ver si te puedo ayudar.
Nada. Se retuerce y me arruga todo el cubrecamillas.
Me acerco más, le agarro un brazo, soy amable.
-Dale, Chávez, dale, pará de llorar y decime qué te pasa.
El tipo sigue como si nada.
Tengo hambre y estoy cansada. Vi 42 pacientes. Chávez llora y ya no lo soporto. Para distraerlo, le pongo el tensiómetro alrededor del brazo. Su tensión arterial me importa un carajo pero hago eso para ver si para y se concentra en otra cosa. Llora más fuerte y se arranca el tensiómetro, sin mirarme, la cara bañada en lágrimas. Lo tira contra la pared.
-Chávez, pero calmáte un poco por el amor de dios.
Lo detesto. Lo cagaría a trompadas por pusilánime, pero no puedo. Chávez aúlla sin zapatos en mi consultorio y mientras tanto, el ambiente se satura de un olor a pie sucio tan tremendo que creo que voy a vomitar.
-Chávez, basta. Pará. No llores más.
Sigue. Más fuerte. Pierdo la paciencia.
-Chávez, ¡pará de llorar o te vas del consultorio!!
El tipo sigue, inmutable, y la que se va del consultorio soy yo. Cuando salgo los pacientes que esperan me miran con cara de vaca que ve pasar el tren. No se imaginan lo que siento. Si me quedo ahí adentro, lo mato.
Al rato Chávez para de llorar. Cuando entro al consultorio, me ve y empieza a los alaridos otra vez.
Chávez no tiene ninguna enfermedad terrible, Chávez no padece ningún dolor físico.

Chávez tiene, apenas, hongos en los pies.

Ojos así

18 Agosto 2008

Paciente (primera consulta): -Tengo muchas enfermedades.

Médica: -Cuénteme qué le pasa (arrancamos mal).

Paciente: -No sé por dónde empezar.

Médica: – Bueno, vaya de a poco (uy, la que me espera).

Paciente: -Hace 5 años me dolió el estómago.

Médica: -¿Y fue grave?

Paciente: -No sé.

Médica: -¿Pero lo internaron, le dieron medicación, le hicieron estudios?

Paciente: -No. Me quedé en mi casa.

Médica: -¿Y qué pasó?

Paciente: -Nada.

Médica: -Entonces no fue grave (pensé que te habías perforado, por lo menos)

Paciente: -Bueno, depende cómo lo mire. A mí me dolió.

Médica: -Sí, me imagino, lo que digo es que se le pasó solo (qué quisquilloso).

Paciente: -Podría decirse.

Médica: -¿Cómo “podría decirse”? (pero es pelotudo o se hace?)

Paciente: -Digamos.

Médica: -¿Y qué más le pasó? (en fin…)

Paciente: -¿Cuándo?

Médica: -¡Antes, señor, antes! (es pelotudo, nomás)

Paciente: -Nada.

Médica: -¡Pero usted me dijo “tengo muchas enfermedades”!!

Paciente: -Son todas de ahora.

Médica: -Bueno, explíqueme (suspiro profundo y ohmmmmmm)

Paciente: -Tengo resfrío.

Médica: -¿Y qué más?

Paciente: -Eso.

Médica: -¿Y las otras enfermedades? ¿No dijo que eran muchas? (lo ahorco)

Paciente: -Todas en las vistas.

Médica: -¿Perdón? (adónde, adóndeeeeee??)

Paciente: -En las vistas.

Médica: -No le entiendo.

Lo miro. Me mira. Se señala los ojos y dice:

-Tengo las vistas muy ardientes.