Carla usa minifalda cortita de jean aunque sea invierno, sin medias y con tacos. Carla se maquilla con mucho rosa y tiene las uñas larguísimas; se ríe todo el tiempo a las carcajadas y siempre, pero siempre tiene la boca llena: galletitas, chicles, bizcochos salados, lo que sea. Carla está entrada en carnes, usa la ropa dos talles más chicos y seduce descaradamente a cualquier tipo que se le cruce, especialmente a los que ella, en su loca cabeza, considera que tienen algún tipo de poder.
En el trabajo, mi relación con Carla se limita al saludo de entrada y de salida (a veces). Ella tiene la costumbre de mirarme con mala cara, y casi siempre la ignoro . Pero un par de días antes de esto que voy a contar, empezó a saludarme con más efusión, casi con fervor digamos, y me imaginé que se venía algún tipo de mangazo.
El caso es que ayer Carla vino al consultorio a manguearme un certificado. Un apto médico, me dijo; una pavadita así nomás. Pero como no es ninguna pavadita, le pedí un electrocardiograma, un hemograma, una orina completa, una placa de tórax, y le dije que cuando tuviera eso viniera que le hacía el examen físico. Yo sonreía mientras firmaba órdenes de labotario, porque sabía que lo bueno estaba por empezar.
Listo.
Carla: -Ehhh…todo esto??
Yo: -Sí.
Carla: -Es para un gimnasio nada más…yo creo que todo esto no hace falta…
Yo (y a mí qué mierda me importa lo que creas vos): -Mirá vos, yo creo que sí.
Carla: -No me podés firmar un papelito diciendo que estoy sana y listo?
Yo: -Decime, no querés firmarme un cheque en blanco, que total después yo le pongo un número cualquiera, y lo cobro?
Carla: -Ay, Lu, qué graciosa sos…tenés un humor…pero daaale, no me firmás algo así nomás? Porque justo quería empezar el gimnasio, y con todo eso voy a tardar como un mes…
Yo: -Lucía.
Carla: -¿Qué?
Carla: -Lucía, que me llamo Lucía. Y no, no te firmo ningún certificado sin ver antes esos estudios.
Carla, haciendo pucheros: -Che, qué estricta! Te juro que estoy sanita sanita! Dale, si soy tu amiga…dale, dale, porfi, un papelito y listoooo…
Yo (ay, se me puso la piel de pollo seee, mi “amiga”): -Vos no sos sos mi amiga, ni mi familiar, ni siquiera sos mi paciente. Y aunque fueras algo de todo eso, te pediría esos estudios igual.
Carla: -¿Pero tantas cosas hay que pedir? El año pasado, Nacho, tu compañero, me lo firmó así nomás, ni me revisó…y encima, yo vi a mi clínico hace dos días y me olvidé de pedírselo.
Yo: -Mirá, te pido esas cosas porque soy responsable y amo mi matrícula, entendés? Lo que hagan los demás me importa un pito. Y si te lo firmó el año pasado, y no querés hacerte todo esto, andá y pedíselo a él.
Carla, furibunda: -Ufa, qué mala onda. Espero que nunca necesites un favor mío…
Yo: -Son 50 pesos.
Carla, desencajada: -¿Quéee?
Yo: -Que son 50 pesos.
Carla: -¿Cómo? ¿Por qué???
Yo: -Porque aunque vos seas una bruta irrespetuosa y ventajera, este es mi trabajo. Y hace 15 minutos que me estás rompiendo las pelotas con tu bendito certificado. Así que son 50 pesos, que es lo que vale mi tiempo; y conste que te hago precio.
Yo no sé qué le pasó: se puso toda roja, dio media vuelta y pegó un portazo tremendo. Después escuché cómo le rezongaba a su jefe, cómo puchereaba, diciendo: es mala, es malaaaaaaaa.
Gente así merece ser lapidada en una plaza.
Escrito por Lucia Ladra
Escrito por Lucia Ladra