Guardia de sábado, madrugada. El clínico había decidido descansar un rato, aprovechando que todo estaba bajo control, que no había pacientes en espera, y que llevaba veinte horas de laburo ininterrumpido, sin parar ni para comer.
A los diez minutos del merecido reposo, como no podía ser de otra manera, el enfermero llama al clínico: una urgencia.
-Pero no es una urgencia cualquiera, eh?- dice, y le guiña un ojo mientras sonríe.
El clínico de guardia camina por el pasillo larguísimo, con los párpados pegados de sueño, esquivando la luz de los tubos fluorescentes. Ruega que sea algo grave, así la descarga de adrenalina lo despabila. Que sea grave y que lo pueda resolver, claro, porque si no esa adrenalina saludable se transforma en miedo, en terror, en desesperación, en preguntas sin respuesta como dios mío por qué habré elegido esto o qué mierda hago ahora, solo y a esta hora.
En la sala de espera, despatarrado en una silla y durmiendo plácidamente, estaba Batman. Un Batman gordo, transpirado, desaliñado, con el traje arrugado, con la panza al aire. Sin el menor decoro, Batman roncaba.
El enfermero no mira a Batman, que se revuelve en la silla y se acomoda mejor. Sigue de largo, encara para la entrada de la guardia.
El clínico, completamente despierto, se queda mirando a Batman.
Clínico de guardia: -Pará, vos me llamaste por esto? ¿Por un gordo disfrazado que se durmió en la sala de espera?
Enfermero: -No, doctor. Lo llamé para que vea lo que hay en la cama uno.
El clínico entra, esquiva un resto de vómito en el piso, se acerca: una mujer duerme y también, ronca. Los brazos encima de la cabeza, la cabeza ladeada, una pierna cayendo de la cama sin sábanas. La mujer tiene unos cuarenta largos; rubia con las raíces crecidas, el pelo pegoteado, el labial desparramado en la cara brillante de sudor, la corona encajada en una ceja, el rimmel corrido. Tiene los brazaletes y todo, forrados papel dorado, percudido y ajado.
Sí: es la Mujer Maravilla, borracha como una cuba.
Pero qué bien, no todos los días uno tiene la oportunidad de codearse con superhéroes! Aunque, siendo sábado a la madrugada, después de un día de laburo hasta las tetas, eh… pensándolo bien…
Que bueno que volviste!! se te extrañaba. Buen aÑo!!
¡Se extrañan tus anécdotas! No dejes de escribir, por favor.
Acabo de leer tu mail todo de un tirón. Me encantó.
¡Ja!¡Qué bueno que hayas vuelto con este cómico “detrás de escena”!
Muy bueno poder canalizar estas situaciones, que rozan el patetismo, en la escritura. ¡Bueno para vos y todavía mejor para tus lectores!.
Un beso Lucía,
Amelia..
Gracias, Amelia. Cómo le va la vida?
Lo que pagaría por una foto de ese momento doctora. Ponéte las pilas y actualiza más seguido, tu blog es genial.
Lor Khyron, se agradece. Prometo ponerme las pilas.
Y? la carcajada tiene el mismo efecto de la adrenalina?
nooo, yo al enfermero LO ASESINO SIN ANESTECIA, te lo juro
Sos nuestra súper heroína, Lu.
Te esperabamos…
Hola Claudio! Cómo va todo? Siempre espío su blog; me gusta mucho.
Hola Lucía,
Muy bien, gracias. Arrancando con todo este nuevo año.
Un placer haberme encontrado con tu comentario en mi blog.
Un beso grande.
Hola! pasé por casualidad por tu blog y he pasado un rato muy agradable.
Te invito a que pases por el blog de mi marido, puede que te guste un poco más que algunos de tus pacientes..jejejeje, soy enfermera y también me pasan cosas muy curiosas.
http://manujurama.blogspot.com
Buenísimo, gracias por volver!!
el médico habrá odiado que lo despierten, pero a la vez seguirá riéndose cada vez que se acuerde de los superhéroes
¡Qué bueno, un nuevo post! Extrañaba.
La verdad que Batman y Mujer Maravilla parece que habían tenido una noche de mucho trabajo… o muy movida, al menos. Sería interesante saber por qué eligieron terminarla en la guardia. Uno tiene que hacerse cargo del pedo que se agarra y bancárselo como corresponde, che. Muy impropio de superhéroes eso de ir a pedir ayuda a una guardia y terminar durmiendo la mona en la sala de espera y la camilla. ¡Qué poca onda!
Me encantó.
Un abrazo, Lucía.
Lucia volveeeeee….te extrañamos…
¡Hola! Hace unos días encontré tu blog y hoy he terminado de leérmelo, eres increíble, me has hecho reírme un montón, además el acento argentino le da un toque gracioso, me encanta ^^ Es que soy española jajaja
Yo no soy medica ni estudio medicina ni nada, voy a pasar 4º de la ESO, pero me encantaría poder estudiar medicina, no tengo dudas ni nada, pero la nota… es demasiado alta… y además que es una carrera bastante difícil, y sé que será imposible, pero lo intentare…
Creo que haces bien contando anécdotas, ¡y a ver si sigues! Que hace mucho que no actualizas.
Seguramente ya te lo habrás dicho, pero me recuerdas mucho a House. ¡Le adoro! Es súper listo y súper irónico y me hace reír demasiado, aunque solo es un actor, pero bueno…
Mi madre es tipo de las pacientes de algunas de las anécdotas que cuentas, se inventa los nombres de las enfermedades y todo, de hecho una vez pasé demasiada vergüenza por culpa suya… jajajaja pero son situaciones que te hacen reír mucho y te lo pasas bien.
Adiós ^^
María, basta con plantar el culo en la silla unos años, y cualquiera se recibe de cualquier cosa.
María, no siempre uno lo pasa bien, pero lo que es seguro es a tu mamá, si inventa enfermedades y les pone nombres, la atendería gratis.
Febrero… desde FEBRERO QUE NO ESCRIBÍS!!! Dejaste de ejercer la medicina o los pacientes ahora son normales??? No creo ninguna de las dos, sobre todo la segunda. Por favor, volvéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee. Recopilá todo el material, Soy editora, me encantaría hacerlo libro algún día. Mandame un mail y nos ponemos en contacto (natalia_nieves@hotmail.com)
Volví, Natalia. Y seré millones.
jajajaja
de que fiestonga vendrìan esos dos???