5 am, noche de invierno, guardia de hospital público, muchísimo trabajo. Piden médico para un domicilio; subo a la ambulancia y me pasan un auxilio en la estación de trenes de Flores. Pintaba mal, la verdad.
Al llegar a la estación veo como diez policías caminando por las vías y muchos, pero muchos bomberos. Un sargento me informa que hubo un accidente y me dice que necesitan saber si el señor está muerto, porque no se mueve y parece que no respira. Ruego que esté vivo, que podamos sacarlo, que lo que vaya a ver no sea horrendo (sobre todo, eso).
Apurada y con todo el equipo listo, pregunto dónde está el paciente y un policía me contesta:
Policía: – La cabeza está ahí.
Médica: -Cómo la cabeza?? Me estás jodiendo?
Policía: -Sí, eso es lo que encontramos primero, pero estamos buscando el resto. El personal de bomberos está trabajando.
Médica: -Por dios, el tipo está todo desparramado, para qué me llamaron? Dijeron que era una emergencia!!
Policía, mirando a lontananza: -Para que un médico certifique que está muerto.
Médica, sacada: -Pero vos sos pelotudo?? No te das cuenta solito de que el tipo está muerto??
Policía con cara de vaca que mira pasar el tren: -Es que un médico tiene que certificar el óbito.
Médica: -¿Son veinte tipos buscando pedazos y me decís que tienen que llamar al SAME para saber si el señor está muerto? Yo me voy a la mierda, infeliz. Llamá a uno de tus forenses, querés, y no me hagas perder el tiempo.
Lo peor es que esa situación bizarra, descabellada y nefasta sigue pasando. No importa que encuentren sólo la cabeza: lo importante es que un médico del sistema público afirme en un papelito pedorro que el tipo obitó. Los canas se ponen re contentos.
Escrito por Lucia Ladra
Escrito por Lucia Ladra
Escrito por Lucia Ladra