Las cosas que hay que escuchar

21 Febrero 2009

Estoy erupcionando (creo que el señor tenía gastritis, pero no me supo decir otros síntomas).

Me parece que tengo diarrea, cago diez veces por día (finísimo).

Me andan mal las órbitas (van a chocar los planetas, seguro).

La pija no se me para más (no se anda con eufemismos, el tipo).

Yo tengo la diabetis pero no tomo los remedios porque ando bárbaro y no siento nada (glucemia del momento de la consulta 422 mg%: una bomba de tiempo).

Doctora, ¿a usted le apasiona un tanto leer? (sí, un tanto nomás).

Estoy todo desarreglado (paciente con una infernal cantidad  de  síntomas, imposibles de condensar en un síndrome).

Vengo porque tengo un compañero enfermo (el compañero era un testículo, aclaro).


Mucho, poquito, nada

20 Febrero 2009

Médica: -Dígame, hace mucho que siente ese dolor en la espalda?

Paciente: -Mucho…mmm…no sé, cuánto es mucho? ¿Una semana, un  mes, o un año? 

Médica: -Mucho es un año, por ejemplo.

Paciente: -Y, más o menos así.

Médica: -Ajá. ¿Y qué pasó con los tratamientos que hizo?

Paciente: -Tratamientos…¿usted dice si tomé pastillas?

Médica: -Sí.

Paciente: -Sí, tomé.

Médica: -¿Se acuerda de cuáles?

Paciente: -Una amarilla, unas verdecitas así, chiquitas, también unas rojas que me caían mal y me hacían doler acá, y otras rosadas que…

Médica: -Está bien, no importa.  Por ahora le voy a pedir estos estudios, lo voy a medicar y en una semana quiero volver a verlo.

Paciente: -¿Y qué me va a dar?

Médica: -Un analgésico muy bueno, se va a sentir mejor.

(Escribo y lleno un formulario de dos hojas  de la obra social del paciente para que le descuenten 2 $ en la compra del remedio. Creo que me preguntan  cuánto calza el tipo y todo).

Paciente: -¿Y cómo lo tengo que tomar?

Médica, escribiendo: -Deme un minuto que ya le explico.

Paciente: -Porque yo tengo miedo de confundirme con las otras pastillas que tomo, ¿es a la mañana que lo tengo que tomar?

Médica, nerviosa: -Señor, deme un minuto que termino de llenar el formulario y ya le escribo las indicaciones.

Paciente: -Que sea con letra clara para que lo entienda el farmacéutico, y grande, porque el otro día fui al oculista y me dijo que tengo que usar unos anteojos nuevos porque…

Médica: (Noooooooo, la puta madreeeee. Me hizo equivocar!! Tengo que escribir todo de nuevo!!) -Tiene otro formulario? Me equivoqué y no se puede tachar ni salvar.

Paciente, irritado: -Doctora, a mí cada uno de esos formularios me cuesta 1 $! ¡Preste más atención!

Médica, desquiciada: -¡Pero no puedo prestar atención si usted me habla sin parar! ¡Por favor espere mientras lo completo!

(Empiezo de nuevo el puto formulario).

Paciente: -¿Son comprimidos, cápsulas o inyectable?

Médica (ay pero por dios!): -¡¡Señoooooooooorrrrrr!!! ¡¡Se lo pido por favor !!!

Paciente ofendido: -Bueno, qué carácter.

Médica, suspirando hondo: -Listo. Y ahora le escribo en esta otra receta cómo tiene que tomar el analgésico.

El paciente la lee. Pone cara de no estar convencido:

Paciente: -Cada 8 horas, cada 6 o cada 12?

Médica (ahh, pero es insoportable!): -Cada 8, señor, como dice el papel.

Paciente: -Y lo tengo que tomar con jugo, con agua o con leche? Porque leí que algunas cosas se absorben mejor con leche, por ejemplo…

Médica, indignada: -Con agua.

Paciente: -Y tomo primero la rosadita de la presión, la verde de la próstata o esta que usted me da?

Médica, de pésimo humor: -¡Es indistinto!!

Paciente: -¿Pero no pasa nada si mezclo? Porque leí que algunos remedios…

Médica (basta, te callás!): -No, señor, no pasa nada.

Paciente: -Ah, ya que estamos, me hace un certificado para que haga reposo? Así no puedo ir a trabajar, no?

Médica: -Claro que usted puede trabajar. Hace un año que siente el mismo dolor y no le impide moverse, así que puede ir a trabajar.

Paciente a los gritos: -Qué, no me va a hacer un certificado??

Médica al borde del infarto: -No, señor, no es necesario que haga reposo.

Paciente re sacado: -Ahhh, bueno!!! Así que usted decide si yo tengo o no que hacer reposo!!!

Médica pensando que se va a ir a la mierda y va a abandonar la medicina: -Señor, tome el medicamento, hágase los estudios y vuelva cuando tenga los resultados.

Paciente: -Claaaaaaaaaro, se nota que a usted no le duele!! Y yo me tengo que ir así, lisiado, a trabajar!!!

Médica (ay, ya no puedo más) : -Usted no está lisiado y lo único que tiene es un dolor muscular.

Paciente: -Esto es increíble!! Me voy a quejar a la obra social!!!

Médica, completamente harta: -Vaya a donde quiera y en lo posible no vuelva.

Paciente en brote: -Abandonooooo!!! Abandono de personaaaaaaaa!!!!!!! La voy a denunciaaarrrrr!!!

Se fue gritando. Creo que en la sala de espera paró, me insultó y después siguió gritando.

Ese paciente se llevó los 15 minutos del siguiente, y del siguiente a ese, también. Llevaba media hora de atraso por culpa de este tipo. Cuando llamé al próximo, entró con mala cara, no me saludó y me dijo:

Paciente nuevo: -¿Usted siempre demora tanto con cada paciente? ¡Es increíble! Cuando salga de acá, me voy a quejar, sépalo.

A veces quisiera que todos pero todos los pacientes murieran  en la sala de espera, y que cuando los llame el silencio sea como un bálsamo que inunde mi alma de felicidad.


Que te parta un rayo

20 Febrero 2009

Lluvia torrencial, sala de espera repleta. Paciente mujer, 53 años, primera consulta.

-Vengo porque tengo un montón de problemas, le cuento?

Médica: (Ay)- Bueno, cuénteme…

Paciente: -Se me hincha la nuca.

Médica: -¿Qué?

Paciente: -La nuca, acá atrás de la cabeza.

Médica: (sí, ya sé dónde queda) - ¿Cómo que se le hincha??

Paciente: -Sí. Además se me oscurecen las venas que van de la mano derecha al corazón; cuando me pasa eso se me calienta la cabeza. Y se me cierra el corazón y no deja entrar los glóbulos, por eso me ahogo.

Médica: (Ahhh) -¿Y desde cuándo le pasan esas cosas?

Paciente: -Desde que me electrocuté.

Médica: (No te puedo cre-errr) -¿Se electrocutó? ¿Cómo fue eso?

Paciente: -Y, recibí 10.000 voltios tres veces. Cada vez que hay tormenta, me electrocuto de nuevo.  Se me vienen los rayos encima.

Médica: -Mire, señora, vamos a hacer una cosa:  le voy a pedir unos análisis de sangre, y le voy a indicar una pastillita. Se va hasta la farmacia, y…

Paciente: -¡Pero no puedo salir!

Médica: -¿Y por qué no puede?

Paciente: -¿No ve que está lloviendo? Si salgo ahora me electrocuto.

Médica: – Ah, cierto. Esperamos que pare y se va, le parece?

Paciente: -Mmm…no sé qué decirle: siempre que no se inunde, mire, porque si hay agua en la calle me sube por los pies y me llega al pulmón, y me ahogo. ¿ Le dije que me ahogué dos veces? Y lo peor es que me llega a las órbitas…

Médica: -Ya sé: le decimos al señor de seguridad que ordene que pare de llover ya mismo, y que no caigan rayos. ¿Le parece?

Paciente: -Ay, sí! Mañana sin falta le traigo un vino a ese señor, es tan amable!


15 minutos

15 Febrero 2009

En el privado en el que trabajo me citan a los pacientes cada 15 minutos. Es obvio que ese lapso de tiempo no es suficiente para atender bien a nadie, mucho menos si es la primera consulta o si lo que lo hace venir es más que una gripe.

Reclamé muchas veces, sin resultados. Fui a hablar con el director médico, con el jefe de administración, con el dueño. Me explican que los estándares internacionales dicen que ese tiempo es suficiente. Tal vez lo sea, en Noruega.

Pero además, me ponen sobreturnos. O sea, mi agenda es por ejemplo así:

Fernández 14 hs

Lacella 14.01

Rubinstein 14.05

Peralta 14.15

Y sigue de la misma manera.

El sanatorio logra que yo atienda en 4 horas a 25 pacientes, en lugar de 16. Y que le regale dos o tres horas de mi tiempo.

A ninguno de esos pacientes que van a quejarse por mi demora a la dirección se les cruza, ni remotamente, que a mí no me gusta tener que atender así. Que me canso, que me estreso, que regalo mi tiempo. Ellos se enojan porque tardo, y tienen razón, pero hacen el reclamo incorrecto en el lugar indebido.

Aguanté seis meses. Harta de las puteadas y de sentir que mi esfuerzo no valía nada, renuncié.

Ahora, los mismos pacientes que se quejaban de mí, me llaman al celular para decirme que soy una desalmada por haberlos abandonado. Si no atiendo, me dejan mensajes airados diciendo que yo juré por Hipócrates y que tengo una obligación que cumplir.

Ah, y el sanatorio me debe cuatro meses.