El hijo de la Nelly

6 Septiembre 2008

Señor rarísimo entra al consultorio. Alto, calvo pero con pelo blanco y endemoniado saliendo de los temporales, orejas enormes (con pelos), anteojos culo de botella, rotos y enganchados con cinta, naríz ganchuda (con pelos) y dos únicos dientes sobreviviendo en el maxilar superior.

Quedé pasmada. Era tan extraño que miré detrás de él, para ver si alguien me estaba haciendo una broma.

-Doctora, vengo para sacarme una duda.

-¿Qué duda?

-Tómeme la presión.

-¿Usted es hipertenso?

-No.

-¿Alguien es hipertenso en su familia?

-No. Me quiero sacar la duda.

Odio tomar la presión. Me molesta. Siempre lo hago en el conexto de la consulta: es importante, es de rutina, es un screening necesario. Pero más que tomar la presión, detesto que me lo pidan.

Me resigno y le coloco el manguito. El paciente mira muy fijo el manómetro. Tan fijo que parece que lo va a derretir. No le saca los ojos de encima.

-Señor, tiene 150/90, la presión está un poco alta, pero estas no son las mejores condiciones para medirla. Usted tendría que tener al menos treinta minutos de reposo, y…

Señor rarísimo, interrumpiendo:- ¿Cuánto me dijo?

-150 de máxima y 90 de mínima.

-Ah, bueno. Gracias.

El tipo se levanta y encara la puerta.

-Pero señor, espere, no terminamos la consulta, ¿usted toma algún remedio? ¿Esta es la primera vez que se controla la presión?

-Quería saber si el hijo de la Nelly tenía razón.

-¿Perdón?

-El hijo de la Nelly, mi vecina. Lo conozco de pibe. Se recibió de enfermero y anda molestando a todo el barrio: pincha dedos y le dice a la gente que tiene diabetis, y les toma la presión a todas las viejas.

-¿Y qué tiene que ver esa persona con su hipertensión?

-Que el pibe me dijo que tengo presión. Y yo no le creí.

-Bueno, siéntese que continuamos la consulta.

-No, si ya está.

-¿Pero cómo que ya está??

-Sí, vine para sacarme la duda. Ese hijo de puta entrometido tenía razón, tengo presión nomás.

-¿Y no quiere seguir con la consulta?

-No. Yo queria sacarme la duda, y ahora le voy a tener que decir al infeliz ese que tenía razón.

El señor se fue y yo, claro, no hice nada para retenerlo.