Alerta meteorológico

21 Agosto 2008

Cincuentona seria, teñida de rubio, con cara de Sociedad Rural. Entra al consultorio con paso cortito, da un buen día seco y marcial, y con voz firme dice:

-Lo mío es simple, doctora: sólo quiero una derivación al gastroenterólogo.

-¿Por qué quiere que la derive? ¿Qué le anda pasando?

La paciente frota despacio su mano abierta por el abdomen, haciendo círculos amplios, y dice:

-Tengo meteorologismo.

Prefiero un valiente “estoy llena de pedos”, antes que escuchar a una copetuda pseudo-erudita decir semejante sandez.
Pero andá a mirar el Weather Channel, querés.


Puras patrañas

20 Agosto 2008

En el consultorio escuché muchas excusas. Algunas son aceptables, otras tortuosas, y otras son, directamente, ridículas. En este punto, los gordos son los peores, porque inventan las excusas más retorcidas que se te puedan ocurrir. Ves a alguien enorme que hace rato no cabe en el asiento de un colectivo, que no se puede atar los cordones ni bañarse por sus propios medios, que miente como si nadie lo notara y que además, se justifica.
No me vengan con eso que de es una enfermedad. Ya lo sé. Pero detesto a los gordos. La peor parte es la de las excusas:

-Yo engordo aunque no coma (no mientas más; es una cuestión básica: cerrá la boca y bajás de peso)

-Pero si sólo me alimento con té verde y dos galletitas de agua al día (sí, y yo soy Marilyn Monroe)

-Tengo un problema de tiroides, doctora (pero calláte, si no sabés lo que es la tiroides, y encima la usás como excusa para clavarte cuatro pizzas sin culpa)

-Lo que pasa es que lo mío es genético (tendrás un componente hereditario, pero comés como un beduino hambriento y por eso estás así).

Una mujer entra al consultorio. Joven, gordísima, olor a colonia barata, base oscura sólo hasta el maxilar inferior, mucha sombra celeste, boca rosa chicle, bijou dorada.
Después del interrogatorio de rigor y de varias preguntas orientadas hacia su gordura brutal, que ella ignoró olímpicamente, decidí ser más directa. Le pregunté desde cuándo tenía ese sobrepeso.
Ella hizo un gesto como de “momentito” con la mano llena de anillos, se puso seria y dijo:
-Yo soy gorda por desarraigo.

Resulta que llegó de Mendoza hace quince años, y un psicólogo la convenció de que la mudanza fue la razón de que se transformara en esta bola de grasa.
La gorda esgrime esta excusa con una impunidad total.

Y mientras tanto, para curarse de la nostalgia, ella come.

 


Todo lo que me pasa

20 Agosto 2008

Mujer, 30 años. Primera consulta.

Médica: -¿Qué le anda pasando?

Paciente: -Espere…(busca en su cartera, saca un papel manuscrito). ¿Le leo?

Médica: -¿Qué cosa?

Paciente: -Lo que tengo.

Médica: -¿Lo trajo escrito?? (por dios!)

Paciente: -Sí, porque me olvido y son muchas cosas. Tantas…que usted no me va a poder ayudar.

Médica: -Bueno, vamos a ver…(que empiece el suplicio)

Paciente, tomando aire: – Se me duermen los brazos por partes. A veces de día, otras de noche. La cabeza se me explota pero sólo cuando tomo Fanta. Me caminan bichos por debajo de la piel. Se me pierde la vista (los sábados). Me duelen las raíces del pelo del lado izquierdo.
Pienso que me estoy por morir (todo el tiempo). Me late el corazón, peor a la mañana.
Se me calientan las venas del cuerpo. El ombligo, a veces, se me hunde y se conecta con el péndis. Yo sé bien cómo puede pasar esto porque a mí me operaron del péndis hace mucho. Para mí que se equivocaron y todavía lo tengo. Sigo.
La menstruación es rara, yo sé cuándo va a venir pero a veces, no sé, es como de otra persona, me entiende? El orín es fuerte, y a veces, si reniego mucho, es negro.

Médica, estupefacta: -…

Paciente, ansiosa:-¿Qué le parece lo que tengo, doctora?

Médica, obnubilada: -¿Dígame, consultó alguna vez a un psiquiatra?

Paciente, ofendida: -Yo no estoy loca.

Médica: -No dije eso, sólo le pregunto si alguna vez fue a ver a uno.

Paciente: -Pffff, montones de veces. El último me dijo que viera a un clínico, y me la recomendó a usted. Me dijo que me tenía que pedir análisis de todo, resonancias y tomografías del cuerpo y la mente.

Juro que cuando encuentre a ese psiquiatra hijo de un vagón de putas, lo corto en fetas.


Germecida

18 Agosto 2008
Paciente varón, desaliñado, olor a transpiración, mirada socarrona y tonito prepotente.

Paciente: -Quiero un jabón germecida.

Médica de guardia: -¿Para qué lo necesita, señor? Los que hay tienen indicaciones muy precisas (¿germecida?)

Paciente: -Sí, yo preciso el jabón.

Médica de guardia: -Me refiero a que se usan en casos específicos. ¿Usted qué problema tiene? (pero qué pelotudo)

Paciente: -Quiero un jabón germecida.

Médica de guardia: -No entiendo. ¿Usted quiere algo que lo desinfecte? (haceme el favor de meterte en un tacho con amoníaco y desinfectate todo, querés)

Paciente: -No, quiero un jabón germecida.

Médica de guardia: -¿Pero usted tiene algún problema en la piel?

Paciente: -No.

Médica de guardia, harta: – Mire señor, vaya a la farmacia y compre ahí lo que quiera (salí de mi vista, pedazo de infeliz).

El paciente se levanta y llega hasta la puerta. De golpe para, se da vuelta, y dice:

-Además tengo hongos.

Médica de guardia, irritada: -¿Para eso quiere el jabón? No le va a servir, necesita otra cosa. ¿Me muestra los hongos? (tus hongos me importan una mierda, me apestaste el consultorio)

Paciente: -¿Para qué? Son hongos.

Médica de guardia, a punto de perder definitivamente la paciencia: -Muéstreme para que pueda ver qué tipo de hongos tiene (lo odio, lo odio tanto).

Paciente, inmutable: -Hongos nomás. Y quiero una crema.

Médica de guardia le da una muestra gratis de crema antimicótica: -Bueno, se aplica esta crema a la mañana y a la noche por una semana, y listo (bien ahí!, me lo saqué de encima)

El paciente pone cara de experto concentrado, parado en el medio del consultorio:

-¿A ver? (saca la crema de su envase, lee el prospecto que sostiene al revés). -Ah, no, esta crema no sirve.

Médica de guardia: -¿Pero cómo que no sirve?? ¡Me dijo que tiene hongos en los pies !! (no puede ser, esto no está pasando)

Paciente: -No sirve. Tiene que ser germecida.

Médica de guardia, al borde del colapso: -¡Le digo que este medicamento es bueno y sirve para su problema! (pero la reputísima madre que te parió, pedazo de pelotudo!!).

Paciente: -¿Es germecida?

Médica de guardia, en trance: – Claro, germecida potente (te mato hijo de puta te mato)

Paciente: -Entonces me voy a comprar el jabón, nomás.


Se lo guardo para usted

18 Agosto 2008

El tipo se sienta en el consultorio. Prolijo, correcto, mediana edad.

Todo parece andar bien.

 -Mire doctora, pedí el turno porque tengo tos. Se la hago corta, acá le traje algo que quiero que vea.

Pensé que me iba a mostrar estudios, radiografías, análisis, pero no.

El hijo de puta saca un pañuelo blanco de tela, con bordaditos; lo abre y me muestra lo que guarda con tanto celo: un gargajo enorme, monstruoso, verde, pegoteado y frío.

 

Ahora, yo me pregunto: hay derecho?

 

 


Un pelotudo importante

18 Agosto 2008
El paciente consulta por un dolor de garganta. Viene acompañado por su padre.
Le pido que abra la boca. La abre pero poquito, y no veo nada. Le pido de nuevo. Hace lo mismo.
-Abra la boca así de grande-, le digo, y lo hago yo, para que vea cómo hacerlo.
Y el tipo, 30 años, vestido de traje, abre la boca y dice:
-AGGGGGRRREEEELAAAOOOCAAAAASSSSEEEE
DEERAAAAANDEEEEE.

Increíble.


Lo que mata son los glicerines

18 Agosto 2008
-Doctora, me subieron los glicerines.

-¿Cómo?
-Los glicerines
-Querrá decir los triglicéridos.
-No, los gli-ce-ri-nessssss. ¿Me explico?
-¿Pero señora, qué son los glicerines??
-Ah, bueno, si vengo a un médico que no sabe nada… (amaga levantarse para irse)
-Mire señora, existen los triglicéridos, el colesterol total, el VLDL, el LDL, el HDL, las lipoproteínas, los quilomicrones. Pero los glicerines no existen.
-Bueno, diga lo que quiera, pero a mí lo que me subieron son los glicerines, y quiero que me haga un nális para ver cómo están.

Esto, antes, no pasaba. Con internet son todos médicos y vienen al consultorio con su autodiagnóstico: tengo un síndrome gripal, empecé con un cuadro vertiginoso, padezco una gastroenteritis, sufro del síndrome de piernas inquietas.
Los pacientes ahora vienen con diagnóstico, ya no vienen con síntomas.
¿Creés de verdad que porque googleás tus síntomas, sos médico? Pedazo de imbécil, si ya sabés todo, para qué mierda venís a molestarme al consultorio?
Odio a estos pacientes.

Aburrimiento mortal

18 Agosto 2008
-Mi abuela se murió de un embole pulmonar- dijo la paciente.

La embolia pulmonar es una enfermedad grave. Pero sufrir un embole pulmonar -o de cualquier otro órgano-, puede ser tremendo.


Chávez

18 Agosto 2008
Chávez llora. A los gritos. No es que llore porque está triste, ni porque perdió algo, ni porque siente algún dolor físico. Sólo llora, todo el tiempo, y si le hablás y tratás de calmarlo, aúlla. El tipo es así. Ya conozco a este paciente. Está mal de la cabeza pero no es mi  culpa. Y no soy psiquiatra. Lo veo venir y me descompongo por el sólo hecho de saber lo que va a pasar.
Le pido que se calme. Nada. Sigue llorando a mares. Cada vez más fuerte. Grita. Se arranca los pelos.

-A ver, Chávez, aflojá un poquito. Dale, decime qué te pasa.
Pero Chávez mira a la nada y llora.
-Viejo, decime qué te pasa, a ver si te puedo ayudar.
Nada. Se retuerce y me arruga todo el cubrecamillas.
Me acerco más, le agarro un brazo, soy amable.
-Dale, Chávez, dale, pará de llorar y decime qué te pasa.
El tipo sigue como si nada.
Tengo hambre y estoy cansada. Vi 42 pacientes. Chávez llora y ya no lo soporto. Para distraerlo, le pongo el tensiómetro alrededor del brazo. Su tensión arterial me importa un carajo pero hago eso para ver si para y se concentra en otra cosa. Llora más fuerte y se arranca el tensiómetro, sin mirarme, la cara bañada en lágrimas. Lo tira contra la pared.
-Chávez, pero calmáte un poco por el amor de dios.
Lo detesto. Lo cagaría a trompadas por pusilánime, pero no puedo. Chávez aúlla sin zapatos en mi consultorio y mientras tanto, el ambiente se satura de un olor a pie sucio tan tremendo que creo que voy a vomitar.
-Chávez, basta. Pará. No llores más.
Sigue. Más fuerte. Pierdo la paciencia.
-Chávez, ¡pará de llorar o te vas del consultorio!!
El tipo sigue, inmutable, y la que se va del consultorio soy yo. Cuando salgo los pacientes que esperan me miran con cara de vaca que ve pasar el tren. No se imaginan lo que siento. Si me quedo ahí adentro, lo mato.
Al rato Chávez para de llorar. Cuando entro al consultorio, me ve y empieza a los alaridos otra vez.
Chávez no tiene ninguna enfermedad terrible, Chávez no padece ningún dolor físico.

Chávez tiene, apenas, hongos en los pies.

Le pierde el caño

18 Agosto 2008
-Me chorrea el caño- dijo en cuanto se sentó.
Morocho, grandote, panza cervecera, tatuaje tumbero.
Hice como que no entendía.
-¿Perdón? ¿Tiene un problema de plomería?
El tipo se acomodó en la silla, me miró fijo, y disparó.
-Se me enfermó la pija.
Me tenté, largué una carcajada y tuve que salir. Lo dejé solo en el consultorio y me tomé unos mates con mis compañeros.

¡No podés ser tan bruto! Decime, si querés,  algún eufemismo poco feliz  como tengo una infección ahí abajo,  o me molesta algo en el pito, pero no me digas pija, ordinario de mierda!