La chica ventaja

11 Julio 2009

Carla usa minifalda cortita de jean aunque sea invierno, sin medias y con tacos. Carla se maquilla con mucho rosa y tiene las uñas larguísimas; se ríe todo el tiempo a las carcajadas y siempre, pero siempre tiene la boca llena: galletitas, chicles, bizcochos salados, lo que sea. Carla está entrada en carnes, usa la ropa dos talles más chicos  y seduce descaradamente a cualquier tipo que se le cruce, especialmente a los que ella, en su loca cabeza, considera que tienen algún tipo de poder.

En el trabajo, mi relación con Carla se limita al saludo de entrada y de salida (a veces).  Ella tiene la costumbre de mirarme con mala cara, y casi siempre la ignoro . Pero un par de días antes de esto que voy a contar, empezó a saludarme con más efusión, casi con  fervor digamos, y  me imaginé que se venía algún tipo de mangazo.

El caso es que ayer Carla vino al consultorio a manguearme un certificado. Un apto médico, me dijo; una pavadita así nomás. Pero como no es ninguna pavadita, le pedí un electrocardiograma, un hemograma, una orina completa, una placa de tórax, y le dije que cuando tuviera eso viniera que le hacía el examen físico. Yo sonreía mientras firmaba órdenes de labotario, porque sabía que lo bueno estaba por empezar.

Listo.

Carla: -Ehhh…todo esto??

Yo: -Sí.

Carla: -Es para un gimnasio nada más…yo creo que todo esto no hace falta…

Yo (y a mí qué mierda me importa lo que creas vos): -Mirá vos, yo creo que sí.

Carla: -No me podés firmar un papelito diciendo que estoy sana y listo?

Yo: -Decime, no querés firmarme un cheque en blanco, que total después yo le pongo un número cualquiera,  y lo cobro?

Carla: -Ay, Lu, qué graciosa sos…tenés un humor…pero daaale, no me firmás algo así nomás? Porque justo quería empezar el gimnasio, y con todo eso voy a tardar como un mes…

Yo: -Lucía.

Carla: -¿Qué?

Carla: -Lucía, que me llamo Lucía. Y no, no te firmo ningún certificado sin ver antes esos estudios.

Carla, haciendo pucheros: -Che, qué estricta! Te juro que estoy sanita sanita! Dale, si soy tu amiga…dale, dale, porfi, un papelito y listoooo…

Yo (ay, se me puso la piel de pollo seee, mi “amiga”): -Vos no sos sos mi amiga, ni mi familiar, ni siquiera sos mi paciente.  Y aunque fueras algo de todo eso, te pediría esos estudios igual.

Carla: -¿Pero tantas cosas hay que pedir? El año pasado, Nacho, tu compañero, me lo firmó así nomás, ni me revisó…y encima, yo vi a mi clínico hace dos días y me olvidé de pedírselo.

Yo: -Mirá, te pido esas cosas porque soy responsable y amo mi matrícula, entendés? Lo que hagan los demás me importa un pito. Y si te lo firmó el año pasado, y no querés hacerte todo esto, andá y pedíselo a él.

Carla, furibunda: -Ufa, qué mala onda. Espero que nunca necesites un favor mío…

Yo: -Son 50 pesos.

Carla, desencajada: -¿Quéee?

Yo: -Que son 50 pesos.

Carla: -¿Cómo? ¿Por qué???

Yo: -Porque aunque vos seas una bruta irrespetuosa y ventajera, este es mi trabajo. Y hace 15 minutos que me estás rompiendo las pelotas con tu bendito cretificado. Así que son 50 pesos, que es lo que vale mi tiempo; y conste que te hago precio.

Yo no sé qué le pasó: se puso toda roja, dio media vuelta y pegó un portazo tremendo. Después escuché cómo le rezongaba a su jefe, cómo puchereaba, diciendo: es mala, es malaaaaaaaa.

 

Gente  así merece ser lapidada en una plaza.

 


Error de cálculo

8 Julio 2009

Paciente joven, varón, paraguayo, con evidente dificultad para comprender y hablar  el español.

Paciente: -Vine porque me quemo.

Médica: -Eh? Cómo que te quemás?

Paciente: -Sí, me quemo acá (y hace señas mostrándome el área del estómago).

Médica: -Ah…tenés acidez?

Paciente: -…

Médica: -Ardor, tenés?

Paciente, con cara de vaca que ve pasar el tren: -…

Médica: -Digo, sentís que te arde la panza?

Paciente: -Sí, eso. Y que me salieron picores. Muchos.

Médica: -Qué te pica?

El paciente se levanta la remera y me muestra tremendas ronchas en el torso.

Médica: -Y estás tomando algún algún remedio?

Paciente: -Sí, de la guardia me dieron. Son estos.

Saca omeprazol de una bolsita, y un papel con las indicaciones escritas por el médico.

Médica: -Ah, esto está muy bien para la acidez, lo tomaste?

Paciente: -Sí, mucho.

Médica: -Mmm…es uno por día, cómo lo estás tomando?

Paciente: -Ah, yo tomo uno cuando me duele.

Médica: -No, no; es uno por día, por la mañana, y sin comer nada. Cómo que lo tomás cuando te duele?

Paciente, ofuscado: -Sí, el médico me dijo.

Miro la receta y leo, clarito: “un comprimido por día”

Médica: -No, Felipe. El médico te escribió “uno por día”, así es como se toma esto.

Paciente:- No. Me dijo cada 5, 7 o 9 horas.

Médica: -¿Qué?

Paciente: -Sí. Lo tomo así, cada 4 porque me duele mucho. Está acá, escrito.

Y me señala la fecha del día de la consulta: 5/7/09.

 

Moraleja: a veces no alcanza con explicar bien. Los pacientes, como los niños, son capaces de sacar  conclusiones sorprendentes.

 


Me parece que está muerto

25 Mayo 2009

5 am, noche de invierno, guardia de hospital público, muchísimo trabajo. Piden médico para un domicilio; subo a la ambulancia y me pasan un auxilio en la  estación de trenes de Flores. Pintaba mal, la verdad.

Al llegar a la estación veo como diez policías caminando por las vías y muchos, pero muchos bomberos. Un sargento me informa que hubo un accidente y me dice que necesitan  saber si el señor está muerto, porque no se mueve y parece que no respira. Ruego que esté vivo, que podamos sacarlo, que lo que vaya a ver no sea horrendo (sobre todo, eso).

Apurada y con todo el equipo listo, pregunto dónde está el paciente y un policía me contesta:

Policía: – La cabeza está ahí.

Médica: -Cómo la cabeza?? Me estás jodiendo?

Policía: -Sí, eso es lo que encontramos primero, pero estamos buscando el resto. El personal de bomberos está trabajando.

Médica: -Por dios, el tipo está todo desparramado, para qué  me llamaron? Dijeron que era una emergencia!!

Policía, mirando a lontananza: -Para que un médico certifique que está muerto.

Médica, sacada: -Pero vos sos pelotudo?? No te das cuenta solito de que el tipo está muerto??

Policía con cara de vaca que mira pasar el tren: -Es que un médico tiene que certificar el óbito.

Médica: -¿Son veinte tipos buscando pedazos y me decís que tienen que llamar al SAME para saber si el señor está muerto? Yo me voy a la mierda, infeliz. Llamá a uno de tus forenses, querés, y no me hagas perder el tiempo.

Lo peor es que esa situación bizarra, descabellada y nefasta sigue pasando. No importa que encuentren sólo la cabeza: lo importante es que un médico del sistema público afirme en un papelito pedorro que el tipo obitó. Los canas se ponen re contentos.


Lupanar

16 Mayo 2009

Una mujer es evaluada en la guardia de una clínica renombrada de la ciudad, en Barrio Norte. Luego de ser asistida por un clínico, se le indica una ecografía ginecológica. Aunque no es urgente, le realizarán el estudio por guardia. La acompaña su marido, un señor de unos cincuenta años.  Se trasladan hacia el piso de estudios por imágenes y esperan en la sala. La ecografista  se demora porque tiene una urgencia: está realizando una ecografía en un paciente con traumatismo cerrado de abdomen que tal vez deba ser intervenido quirúrgicamente.

El marido se impacienta, la mujer no dice nada. Pasan veinte minutos, el tipo camina por la sala de espera y empieza a despotricar.

Marido de la paciente: -Yo no sé qué hacen ahí adentro. No puede ser que demoren tanto, es una barbaridad.

Golpea la puerta del consultorio, donde hay  un cartel que dice: “por favor no golpee, aguarde su turno”. La ecografista, que está ocupada, no abre la puerta. El marido de la paciente golpea de nuevo, con más insistencia. Nada. El señor va entrando en calor. Habla solo. Camina por todos lados sin parar. Se para frente a la puerta y la golpea con furia, mientras grita: -A ver si se apuran!!! Qué pasa? Pero qué pasa ahí??

La ecografista lo escucha pero no puede atenderlo, sigue buscando lesiones internas en el abdomen del paciente que está atendiendo.

Después de 10 minutos, se abre la puerta y la ecografista sale, diciéndole al señor que por favor la esperen unos minutos más porque debe ir hasta la guardia para hablar con el cirujano que solicitó el estudio del paciente que acaba de atender.

El señor monta en cólera y grita cosas que la ecografista no escucha, porque se fue a resolver la urgencia.

Mientras tanto, y sin que la ecografista lo sepa, el señor enojado entra por su cuenta al consultorio de ecografía.

Cuando la especialista vuelve, la pareja no está en la sala de espera. Los busca, los hace llamar por altoparlante, y nada. Como no tiene otros pacientes, entra a la sala de ecografía y se pone a terminar informes pendientes.

De golpe abren la puerta y entra el marido de la señora que debía hacerse el estudio.

Marido de la paciente, indignadísimo: – Ahhh, por fin la encuentro!!

Ecografista: -Señor, por favor dígale a su esposa que pase.

Marido de la paciente: -Quéee?? Ni loco dejo entrar acá a mi esposa!! Desvergonzada!! Esto es un antro!!!

La ecografista no entiende nada.

Ecografista: -Qué es lo que pasa, señor?

Marido de la paciente, lanzando una carcajada socarrona: -Qué pasa?? La señorita pregunta qué pasa?? Mosquita muerta, eso es lo que es usted: no le da vergüenza??

Ecografista confundida: -Señor, qué pasa? No lo entiendo…

Marido de la paciente: -Pero claaaaro que me entiende!!! Esta clínica es un hotel, un hotel alojamiento encubierto!!  Mucho lujo, mucho médico con uniforme, pero es una vergüenza!!

Ecografista pasmada: -Señor, le pido que se tranquilice. No entiendo de qué habla.

Marido de la paciente: -Pre-ser-va-ti-vos, me entiende?? De eso estoy hablando!! O sea, ya entiendo por qué demoraba tanto. En vez de trabajar, esa señorita hace quién sabe qué cosas ahí adentro!!! Es un atropello, un bochorno, esto es un lupanarrr!!!

Ecografista: -Pero qué dice??

Marido de la pciente: -Y encima se hace la inocenteeeee!!! Hablo de los forros que tiene sobre el escritorio!!! Hablo de que usted se esconde ahí para tener relaciones con quién sabe quién, en su horario de trabajo!! Voy a llamar a los medios, esto no va a quedar así!!! A La Quiaca la van a mandar a hacer ecografías cuando yo termine con usted!!!

Ecografista: -Señor, los preservativos que vio se usan para hacer las ecografías transvaginales. O cree que el mismo transductor se coloca en la vagina de las 20 mujeres al día que viene a hacerse el estudio? Usted es un bruto, un ignorante y un maleducado!!!

Marido de la paciente, completamente rojo de furia: -Agggghhhh, mentirosa!!! Me quiere convencer como a un chico de primaria!!! Usted no tiene vergüenza!!! Nio piense en tocar a mi esposa con esas manos. Nos vamos, esta clínica es un asco.

Mientras se iban, el hombre seguía gritando lupanar, esto es un lupanaaaaaar.


Estudiame el hígado.

11 Mayo 2009

Paciente mujer, 20 años. A simple vista, perfectamente saludable.

-Doctora, estoy muy preocupada porque creo que tengo mal el hígado.

Médica: -Ajá. Y por qué pensás eso?

Paciente: -Porque siento que me pesa.

Médica: -¿Siempre te pesa?

Paciente: -Sí, desde hace años. Me hice muchos estudios y no me dan nada.

Médica: -¿Cuándo te hiciste lo último?

Paciente: -Hace una semana.

Médica: -¿Te hicieron ecografías y análisis?

Paciente: -Sí, todo. Y una tomoengrafía complutada también. Yo misma se la pedí, es más: se la ordené al médico.

Médica: -Mmm…¿a ver? ¿Tenés esos estudios acá?

Paciente, con cara de satisfacción: -Seee…se los traje todos (y saca la consabida bolsa de Coto repleta de papeles).

Miro los estudios, por orden cronológico. Tiene hecho todo lo que existe, pero todo. Y todo es normal.

Médica: -Mirá, en estos estudios no aparece nada, estás re sana. Igual te voy a revisar.

Paciente, caprichosa: -Pero yo sé que es el hígado. Estoy segura.

Médica con increíble paciencia: -Bueno, vamos a  ver.

El examen físico es normal, excepto unos tremendos, gigantes, monstruosos hongos en las uñas de los pies.

Médica: -Mirá, lo único que te encuentro es un honguito importante en las uñas, pero quedate tranquila porque tu hígado está perfecto.

Paciente: -¿Hongos? Ay, no lo había notado.

Médica (ciega tenés que ser para no haber visto semejante horror): -Se arregla muy fácil, vas a tomar una pastillita una vez por semana por unos meses y listo.

Paciente, con mohín de asquito: -Ah no. Yo no tomo pastillas. Me hacen mal al hígado.

Médica, bastante menos tranquila: -Pero es la única forma de curar esos hongos, y además tu hígado está perfecto. De todos modos, te voy a controlar una vez cada quince días.

Paciente alarmada: -¿Qué? ¿Me va a estropear el hígado y encima me va a ver sólo una vez cada quince días?

Médica (y qué querés, que te lleve a mi casa?): - Esa frecuencia va a estar perfecta porque estás completamente sana.

Paciente enojada: -No. Yo quiero una resonancia!! Un escáner. ¡¡Una biopsia quiero!!

Médica:- ¿Qué? ¿Una biopsia?? ¿Pero vos sabés lo que estás diciendo? No tenés indicación de eso, no es necesario en absoluto, te dije que tu hígado está perfecto.

Paciente, levantándose amenazante: -Ah, así que no me va a pedir una biopsia??

Médica harta: -Pero no entiendo, ¿a vos te gusta sufrir? ¿Querés estar enferma, sentirte mal, someterte a estudios horribles y dolorosos que en tu caso son innecesarios??

Paciente: -Yo quiero asegurarme de que no estoy enferma del hígado.

Médica: -Querida, ya te dije mil veces que tu hígado está bien, ¿cuál es tu problema? ¿No entendés lo que te digo??

Paciente, haciendo caras: -Usted no sabe nada. No está adentro de mi cuerpo. Yo tengo el hígado enfermo y ningún médico se da cuenta. Los médicos me tienen harta, no me quieren hacer estudios.

Médica en piloto automático: -Bueeeno, a ver: ¿qué es lo que querés hacer entonces?

Paciente, agarrando su cartera y su bolsa de Coto: -Ver a otro médico que sepa más que usted y que me pida todo lo que quiero.

Médica, sonriente y haciendo gestito de adiós con la mano:

-Chau.

Paciente indignada: -¿Cómo chau?? ¿Y la pastillita para los hongos??

Médica feliz: – Pedísela al pobre cristo que te atienda la próxima vez.  Suerteeee…

 

Y encima se fue enojada. La gente es increíble.

 


Sabias palabras.

11 Mayo 2009

“El médico es el profesional al que llamamos para que confirme el diagnóstico que previamente nos hemos hecho.
Si coincide con nosotros, nos preguntamos porque lo hemos
llamado;  si no coincide, dudamos de su valor.
Si nos receta algo, pensamos que es mejor que el organismo se defienda solo.
Si no nos receta, pensamos cómo es que se nos va a pasar la enfermedad.
Cuando nos curamos, nos enorgullecemos de nuestra naturaleza.
Cuando nos empeoramos, maldecimos la torpeza del médico.
Si el médico es joven, decimos que no puede tener experiencia. Si es viejo, que no debe estar actualizado.
Si sabemos que va al teatro, que no se da tiempo para estudiar.
Si no sabe nada de teatro, que es un unilateral que desconoce la vida.
Si se viste bien, que quiere nuestro dinero para lujos.
Si se viste mal, que no trabaja porque no sabe nada.
Si viene varias veces, pensamos que acrecienta las visitas porque quiere
aumentar sus honorarios.
Si viene pocas, que abandona al enfermo.
Si nos explica lo que tenemos, que nos quiere sugestionar.
Si no nos explica, que no nos considera suficientemente inteligentes para entenderlo.
Si nos atiende enseguida, creemos que no tiene pacientes.
Si nos hace esperar, que no tiene método.
Si nos da el diagnostico de inmediato, que nuestro caso es fácil.
Si tarda en dárnoslo, que carece de ojo clínico.

El médico es el máximo pretexto de nuestra disconformidad.”

Dr. Florencio Escardó.

Traumatólogo jueputa.

13 Abril 2009

Hospital, 3 de la tarde. Llamada por altoparlante: politraumatismo en camino, se solicita la presencia de clínico y traumatólogo en rampa de guardia.

Clínica de guardia (o sea, yo) : responde al llamado y espera al paciente junto con los enfermeros y todo el equipo listo. Bueno, todo no: el traumatólogo no estaba.

Paciente que ingresa en ambulancia: politraumatismo por accidente vial, conductor de moto con casco. Traumatismo encéfalocraneano sin pérdida de conocimiento. Examen neurológico normal, examen físico: angulación extraña en fémur derecho.

Segundo llamado por altoparlante al traumatólogo. Nada.

Inicio la evaluación y atención del paciente. Solicito las radiografías de rigor, los análisis de laboratorio, indico analgesia y suero, tranquilizo al paciente y a su familia. Hago todo lo que me correspondía a mí y también lo que debió haber hecho  el traumatólogo, que sigue sin venir.

Tercer llamado al traumatólogo. Cantan los grillos.

El cuarto llamado lo hago yo misma, pero a los gritos.

Aparece el traumatólogo de guardia: ambo rozado por el uso con botones entreabiertos a la altura de la panza. Se le ve  el ombligo. Tiene lagañas post siesta, resaca post empastillamiento y la mirada muy, pero muy  vidriosa. Se refriega los ojos, aparentemente encandilado.

Recibo los resultados del paciente: todo normal excepto la evidente fractura expuesta en fémur derecho.

Médica, dirigiéndose al traumatólogo zombie: -Che, ya evalué al  paciente y todo lo que tiene es traumatológico, te lo cuento así vas a verlo…

Traumatólogo, despatarrado en el sillón de cuerina y hojeando el diario: -Mmm…seee. Bah, mejor pedile las placas antes.

Médica clínica, impaciente: -Obvio que ya se las pedí y también las vi. Están en la camilla con el paciente.

Traumatólogo, deslizándose hacia abajo en el sillón: -A ver? Traémelas.

Médica, caliente:  -No soy tu secretaria.  Andá a ver al paciente!!

Traumatólogo, distraído con el suplemeto Olé: -Ajá…bueno, llamalo al residente y que lo vea él.

Médica perdiendo la poca compostura que le quedaba: -Pero pelotudo, vos sos el traumatólogo de guardia! Hacete cargo!!

Traumatólogo: -Que lo vea el residente. ¿Ya le hiciste la historia?

(Aclaración: la historia clínica debe hacerla el médico que interne al paciente, según la patología que presente. O sea: en este caso, le tocaba al traumatólogo).

Médica: -Claro, tuve que hacer tu trabajo porque vos dormías mientras todos dábamos vueltas con tu paciente.

Traumatólogo: -Estaba ocupado.

Médica furiosa: -Durmiendo la siesta, estabas ocupado.  ¡¡Sos un caradura!! Hoy todos tus pacientes los vimos los clínicos. Siempre hacés lo mismo, vago de mierda, pero se te va a acabar.

Traumatólogo, acomodándose en el sillón del estar y bostezando: -…

Médica con instinto asesino aflorando: -Vas a ver al paciente, sí o no??

Traumatólogo, cerrando los ojos: -…

Médica: -Mirá flaco, el responsable de este paciente sos vos. Lo ves ya mismo como corresponde o escribo en la historia que te pedí la interconsulta hace una hora y no viniste!

Traumatólogo, desperezándose: -Bue, ya voy.

(Ronquido).

El paciente, claro, no tiene la culpa. Así que le  indiqué plan de analgesia para 24 horas, volví a verlo, hablé con su familia y amablemente les  expliqué dónde podían encontrar al traumatólogo: durmiendo. Después, mientras los familiares se dirigían raudos a buscarlo, detallé prolijamente en la historia clínica  las horas y minutos de cada una de las veces que llamé al traumatólogo y no vino.

A los dos minutos se escucharon gritos destemplados desde el estar médico donde el traumatólogo reposaba. Escuché hasta “yo te pago el sueldo, lacra”,  y me fui a buscar un capuccino.

Estaba riquísimo.


Necesito un certificado

13 Marzo 2009

Paciente sesentón, tremenda cara de libidinoso: -Pichona, vengo para que me hagas una gauchadita.

Médica (pichona las pelotas): -Ajá.

Paciente: -Yo soy un tipo grande, viste? Y bueno, hace mucho que no la pasaba taaan bien…

Médica (ay, si me cuenta intimidades sexuales me mato): -¿Y entonces?

Paciente: -Mirá, resulta que mi mujer está en lo de mi suegra, que está enferma, y viste cómo somos los hombres, no? Jojo…una canita al aire no viene mal…entonces aproveché y anoche me levanté  a la rubia esta que es un camión…tiene 18 años…y bueno: falté al trabajo, jojojo.

Médica, suspicaz: -Ah, y después se enfermó y por eso vino a verme?

Paciente: – Jojojo, no, vine porque quiero un certificado.

Médica: -Ajá…un certificado. ¿Que diga qué?

Paciente: -Y qué sé yo, inventame una gripe o algo así para que pueda faltar al trabajo una semana.

Médica (qué caradurez): -¿Y por qué una semana? ¿Para tener tiempo de reponerse?

Paciente: -Nooo, si yo soy un toro! Es porque mi mujer no vuelve hasta dentro de una semana, y le dije a la rubia que soy separado…así que vamo’ a tener fiesta, jojojo. Pero no me quiero perder el presentismo del laburo.

Médica (este pelotudo quiere la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos): -Ah, ya entiendo. Le pongo que tiene una diarrea machaza, quiere?

Paciente: -Ehh…no puede ser otra cosa?

Médica (y sos quisquilloso, encima): -Mire, yo no hago certificados falsos, pero el urólogo del consultorio de al lado  por ahí  se lo hace. Eso sí, va a poner que tiene una venérea asquerosa y que el pito le supura como un volcán, porque él también está harto de los vivos como usted.

Paciente ofendido: -¡Bueno, yo solamente le estaba pidiendo un favor!

Médica (parándose y dando por finalizada la consulta): -Los favores pídaselos a sus amigos. Venir a pedirme un certificado trucho es una falta de respeto. Hasta lueeeeeegooooo….

Cagador, ventajero y libidinoso. Y encima se le juntaba saliva en las comisuras de la boca.

Todos me tocan a mí.


Las cosas que hay que escuchar

21 Febrero 2009

Estoy erupcionando (creo que el señor tenía gastritis, pero no me supo decir otros síntomas).

Me parece que tengo diarrea, cago diez veces por día (finísimo).

Me andan mal las órbitas (van a chocar los planetas, seguro).

La pija no se me para más (no se anda con eufemismos, el tipo).

Yo tengo la diabetis pero no tomo los remedios porque ando bárbaro y no siento nada (glucemia del momento de la consulta 422 mg%: una bomba de tiempo).

Doctora, ¿a usted le apasiona un tanto leer? (sí, un tanto nomás).

Estoy todo desarreglado (paciente con una infernal cantidad  de  síntomas, imposibles de condensar en un síndrome).

Vengo porque tengo un compañero enfermo (el compañero era un testículo, aclaro).


Mucho, poquito, nada

20 Febrero 2009

Médica: -Dígame, hace mucho que siente ese dolor en la espalda?

Paciente: -Mucho…mmm…no sé, cuánto es mucho? ¿Una semana, un  mes, o un año? 

Médica: -Mucho es un año, por ejemplo.

Paciente: -Y, más o menos así.

Médica: -Ajá. ¿Y qué pasó con los tratamientos que hizo?

Paciente: -Tratamientos…¿usted dice si tomé pastillas?

Médica: -Sí.

Paciente: -Sí, tomé.

Médica: -¿Se acuerda de cuáles?

Paciente: -Una amarilla, unas verdecitas así, chiquitas, también unas rojas que me caían mal y me hacían doler acá, y otras rosadas que…

Médica: -Está bien, no importa.  Por ahora le voy a pedir estos estudios, lo voy a medicar y en una semana quiero volver a verlo.

Paciente: -¿Y qué me va a dar?

Médica: -Un analgésico muy bueno, se va a sentir mejor.

(Escribo y lleno un formulario de dos hojas  de la obra social del paciente para que le descuenten 2 $ en la compra del remedio. Creo que me preguntan  cuánto calza el tipo y todo).

Paciente: -¿Y cómo lo tengo que tomar?

Médica, escribiendo: -Deme un minuto que ya le explico.

Paciente: -Porque yo tengo miedo de confundirme con las otras pastillas que tomo, ¿es a la mañana que lo tengo que tomar?

Médica, nerviosa: -Señor, deme un minuto que termino de llenar el formulario y ya le escribo las indicaciones.

Paciente: -Que sea con letra clara para que lo entienda el farmacéutico, y grande, porque el otro día fui al oculista y me dijo que tengo que usar unos anteojos nuevos porque…

Médica: (Noooooooo, la puta madreeeee. Me hizo equivocar!! Tengo que escribir todo de nuevo!!) -Tiene otro formulario? Me equivoqué y no se puede tachar ni salvar.

Paciente, irritado: -Doctora, a mí cada uno de esos formularios me cuesta 1 $! ¡Preste más atención!

Médica, desquiciada: -¡Pero no puedo prestar atención si usted me habla sin parar! ¡Por favor espere mientras lo completo!

(Empiezo de nuevo el puto formulario).

Paciente: -¿Son comprimidos, cápsulas o inyectable?

Médica (ay pero por dios!): -¡¡Señoooooooooorrrrrr!!! ¡¡Se lo pido por favor !!!

Paciente ofendido: -Bueno, qué carácter.

Médica, suspirando hondo: -Listo. Y ahora le escribo en esta otra receta cómo tiene que tomar el analgésico.

El paciente la lee. Pone cara de no estar convencido:

Paciente: -Cada 8 horas, cada 6 o cada 12?

Médica (ahh, pero es insoportable!): -Cada 8, señor, como dice el papel.

Paciente: -Y lo tengo que tomar con jugo, con agua o con leche? Porque leí que algunas cosas se absorben mejor con leche, por ejemplo…

Médica, indignada: -Con agua.

Paciente: -Y tomo primero la rosadita de la presión, la verde de la próstata o esta que usted me da?

Médica, de pésimo humor: -¡Es indistinto!!

Paciente: -¿Pero no pasa nada si mezclo? Porque leí que algunos remedios…

Médica (basta, te callás!): -No, señor, no pasa nada.

Paciente: -Ah, ya que estamos, me hace un certificado para que haga reposo? Así no puedo ir a trabajar, no?

Médica: -Claro que usted puede trabajar. Hace un año que siente el mismo dolor y no le impide moverse, así que puede ir a trabajar.

Paciente a los gritos: -Qué, no me va a hacer un certificado??

Médica al borde del infarto: -No, señor, no es necesario que haga reposo.

Paciente re sacado: -Ahhh, bueno!!! Así que usted decide si yo tengo o no que hacer reposo!!!

Médica pensando que se va a ir a la mierda y va a abandonar la medicina: -Señor, tome el medicamento, hágase los estudios y vuelva cuando tenga los resultados.

Paciente: -Claaaaaaaaaro, se nota que a usted no le duele!! Y yo me tengo que ir así, lisiado, a trabajar!!!

Médica (ay, ya no puedo más) : -Usted no está lisiado y lo único que tiene es un dolor muscular.

Paciente: -Esto es increíble!! Me voy a quejar a la obra social!!!

Médica, completamente harta: -Vaya a donde quiera y en lo posible no vuelva.

Paciente en brote: -Abandonooooo!!! Abandono de personaaaaaaaa!!!!!!! La voy a denunciaaarrrrr!!!

Se fue gritando. Creo que en la sala de espera paró, me insultó y después siguió gritando.

Ese paciente se llevó los 15 minutos del siguiente, y del siguiente a ese, también. Llevaba media hora de atraso por culpa de este tipo. Cuando llamé al próximo, entró con mala cara, no me saludó y me dijo:

Paciente nuevo: -¿Usted siempre demora tanto con cada paciente? ¡Es increíble! Cuando salga de acá, me voy a quejar, sépalo.

A veces quisiera que todos pero todos los pacientes murieran  en la sala de espera, y que cuando los llame el silencio sea como un bálsamo que inunde mi alma de felicidad.