Todo mal

22 Noviembre 2009

Paciente de 65 años, regresando de la vigésima  internación en cardiología por insuficiencia cardíaca descompensada.

Médica: -¿Cómo anda, Felipe?

Paciente: -Y mal, cómo voy a estar?

Médica: -Sí, sé que estuvo internado, pero por suerte ya está mejor…

Paciente: -¿Mejor? ¿Qué mejor?? Me internaron y la pasé mal, como el culo la pasé!

Médica: -Claro, me imagino, pero por suerte ahora se siente bien…

Paciente: -Usted se sentirá bien. Yo no me siento bien. ¿Quién le dijo que me siento bien?

Médica: -Bueno, lo vi cenar hace un rato, charlar con sus amigos, mirar la tele y jugar a las cartas…

Paciente: -¿Mis amigos? ¡Esos son todos unos ladrones! ¿Y  usted le llama cena a esta porquería que nos dan de comer acá? Debería probar esa comida,  seguro que la hacen con sobras de la calle!

Médica: -La verdad es que sí probé la comida y no me pareció mala; además, usted con su problema de presión no puede comer sal.

Paciente: -Ufffff!!! ¡No dejan comer nada! Asado no, por la grasa; jamón no, por la sal; no puedo fumar por el infarto que tuve, ni…

Médica (mejor cambiemos de tema): -Bueno, a ver, cuénteme qué le dijo el cardiólogo.

Paciente: -¡¡Nada me dijo!!

Médica: -¿Pero cómo que no le dijo nada? Si acá trae la epicrisis bien completa, clarita…

Paciente: -Pffff, clarita? ¿CLARITA?? Ese papel de mierda no me sirve para nada, cada vez que me interno me dan uno igual que dice lo mismo, los cardiologis no saben nada!

Médica: -Felipe, saber saben, porque usted lleva  nueve internaciones este año, y de todas salió bien. Le sugiero que haga una fotocopia de la epicrisis, puede ser útil si necesita internarse de nuevo, o para continuar los controles.

Paciente: -¿¿QUÉ?? Gastar en una fotocopia para eso? Ni lo sueñe, si cada vez que voy me hacen todo de nuevo! ¡A los médicos les gusta escribir al pedo!

Médica (me hartó): -Bueno, no fotocopie nada. Y le aclaro que le hacen todo de nuevo porque usted deja de tomar su remedios y le pasa todo de nuevo.

Paciente, desafiante: -A esa hoja de mierda la voy a tirar a la basura. Y que se arreglen cuando me internen de nuevo.

Médica: -Perfecto, tírela. No sabe lo contentos que se van a poner los médicos de guardia cuando lo reciban otra vez, sin un miserable papel. Sobre todo porque usted toma los mismos remedios hace 30 años y ni siquiera recuerda sus nombres.

Paciente: -Y bueno, ese es el trabajo de los médicos, no? ¡Para eso estudiaron! ¡Para eso pagué con mis impuestos sus años de carrera!!

Médica: -Claro. No se imagina cómo le gusta  a un médico  no saber nada de un paciente que llega descompensado, al borde de la muerte,  y ponerse a  adivinar los antecedentes. Es divertidísimo.

Paciente: -¿Vio lo que le digo? Yo tengo razón: a los médicos les gusta perder el tiempo. 

Médica, puteando bajito: -Sí, nos encanta. Y hablando de eso: chau, Felipe. Tengo que atender a otros pacientes.

Paciente: -¿Así? ¿No me va a dar ningún papel con lo que tengo?

Médica: -Igual lo va a tirar. Chau.

 

Y después de esos infernales 15 minutos, todavía tuvo el tupé de quejarse, diciendo que no le di ni un miserable papelito.


Estadísticas paraguayas

26 Septiembre 2009

Hace un tiempo que vengo haciendo estadísticas y descubrí algo raro en los paraguayos. Parece que tienen alguna restricción idiomática o algún otro tipo de inconveniente para definir con precisión un período de tiempo determinado.

Por ejemplo, si a uno le duele la cabeza y el médico le pregunta desde cuándo, uno dirá: desde ayer, o  hace 3 días, o hace un mes.

Pero un paraguayo es distinto y contesta invariablemente: hace mucho. No importa cuál sea el síntoma o la gravedad potencial del mismo; siempre es hace mucho. Y cuando uno quiere especificar el período, porque por supuesto resulta importante para llegar al diagnóstico, obtiene respuestas sorprendentes:

-Y, hace quince, veintidós  días.

-Hace dos, cinco años.

-Hace tres, quince días.

 

No logro entenderlo.


Mi mejor médico soy yo

9 Septiembre 2009

Antes de contarles esto, necesito que  sepan que  los clínicos, habitualmente, no saben nada sobre ojos. O sea, un clínico maneja muchas subespecialidades, como cardiología, neumonología, diabetología, infectología, hasta traumatología si querés, pero ojos, nunca:  mis colegas huyen de los ojos como si hubieran visto al diablo. Es una negación profesional muy frecuente, porque provoca un terror de pesadilla pensar que por culpa de uno, un tipo puede quedarse ciego.

Pero por muchas cuestiones que no vienen al caso, resulta que no soy de los médicos que ven un ojo rojo y se persignan ruidosamente mientras gritan “Santa Lucíaaaaaaa”, sino que creo en el arte, en la inspiración y en la belleza que hay en resolver una dolencia (cualquiera sea) y entonces trato,  a veces  sin las herramientas correspondientes, de llegar a un diagnóstico y si puedo también, resolver el problema. 

Lamentablemente,  los pacientes casi nunca se dan cuenta de todo esto.

El señor en cuestión vino a la consulta hecho un desastre:  los ojos rojos como un basilisco, los párpados hinchados y abundante secreción purulenta bilateral, además de un constante y molesto lagrimeo de 5 días de evolución. Vino desesperado, irritado, pidiendo ayuda a los gritos.

Como soy gauchita, puse todo mi empeño y en lugar de derivarlo instantáneamente y sacarme el problema de encima, llegué a la conclusión de que el señor probablemente padecía una bléfaroconjuntivitis estafilocóccica. Y le recé a Santa Lucía para que todo saliera bien.

Le indiqué unas  gotas, antibióticos, una pequeña dosis de corticoides, un antiinflamatorio, y al cabo de 24 hs, el paciente estaba muchísimo mejor. Lo seguí controlando una vez por día durante una semana, hasta que finalmente el problema desapareció.

La verdad es que me puse contenta de haber resuelto la cuestión sin tener que mandarlo de viaje a que hiciera fila a las 4 am durante 6 horas, como suele suceder en los hospitales de ojos. Y para ser sinceros, no hay nada que satisfaga más a un médico que la sensación del deber cumplido limpia, rápida y eficientemente.

Sin embargo, esa felicidad chiquita y privada iba a durarme poco. El señor  me abrazó fuerte,  y alegremente me espetó:

-¡Me curé solo! Lo que me hizo bien fueron los paños fríos que me puse, seguro. ¡¡Soy mi propio médico!!

Me acordé de un dibujo de Quino que tengo pegado en la pared del consultorio, que dice: “Aquí trabajamos para que luego la gente de gracias a Dios”.

Y lo odié bastante. Al paciente, claro.

 


El que busca, encuentra

24 Agosto 2009

Puede resultar  verdaderamente  entretenido chequear  a través de qué palabras o frases llegan algunos lectores a mi blog. Les dejo algunos ejemplos entrañables:

Por qué tengo venas rojas en los testículos

Se me incha detrás de la cabeza

Se puede tomar sertal en el embarazo?

Ramsay+certificado discapacidad

Sordera a alguna palabras

Ongos en la uña de la mano derecha pork

Lucia ladra puta

el mejor preservativo para ecografia

fraces medicas celebres

zanahoria preservativo

mala praxis viedocolonoscopía

me dejan porque tengo mal carácter

rubias pichonas

emanuel monteagudo

bolas en las piernas

todo mal un buen día

aburrimiento mortal

envase de impulse adentro

clinica privada busca reumatólogo

porque preguntan cuanto calzas

no es que te quiera pero ahi jueputa si

 

No son buenísimos?


La insoportable levedad del ser

16 Agosto 2009

Paciente varón, 60 años.

Paciente: -Doctora, yo le voy a contar, lo mío es largo…

Médica (ay, no): – Diga, señor.

Paciente: -Mire, yo no tengo livianez. Algo se me pone a trabajar adentro y se me aparece la euforia abdominal, acá, ve?

Médica (dios mío ayudame te lo pido porfavor): -Ajá…

Paciente: -Y lo peor es que no me pulsan los riñones.

Médica: -¡No me diga!¡Qué problema!

Paciente: -La solución mía está basada en la idea que tiene mi testino para seguir en la lucha. Pero lo peor es la livianez generalizada.

Médica (mmm, cuando salgo compro queso cuartirolo, masa de tarta tengo, un vinito blanco…): -Seee, claro.

Paciente: -Al no comunicarle que es porque existe algo que le quiero comunicar. ¿Me entiende, no?

Médica (ah, y un poco de queso en hebras): -Ajá.

Paciente: -Tengo problemas de olvido, yo. Es lo único que me pasa, otra cosa no tengo. Pero me emepzó cuando yo manejaba camiones de acompañante. ¿Usted me entiende, no?

Médica (lalalalalalalalala….): -Lo entiendo perfectamente.

Paciente: -Y entonces qué hacemos?

Médica: -Se toma esta pastillita y se le pasa todo. Hasta luego.

 

Mientras el tipo me hablaba, yo escribía esto y le daba una aspirineta. Y pensaba que no soporto más.

Y no, claro que no soy psiquiatra.

 

 


Domingo electoral

25 Julio 2009

Guardia de hospital público, domingo, día de elecciones. Antes de tomar la guardia, me dirigí a cumplir mi obligación electoral, bien temprano, así después no tenía que dejar el trabajo.

Paciente norteño que ingresa al consultorio.

Médica: -Buen día, qué le anda pasando?

Paciente: -Es que anduve votando.

Médica: -Ajá. ¿Pero se sentía mal? ¿Qué pasó?

Paciente: -Pues eso, que voté.

Médica: -Síiii, yo también vengo de votar, así que los dos cumplimos con nuestra olbigación. Bueno, qué le pasa, entonces?

Paciente, sentado en la camilla: -…

Médica: -Empecemos otra vez. ¿Qué es lo que siente?

Paciente, algo desconcertado: -Doctora, que estuve votando!

Médica, algo impaciente: -Sí, sí, yo también, pero qué tiene que ver? ¿Le hizo mal votar?

Paciente: -Es que voté algo amarillo.

Médica, empezando a sospechar: -¿Algo amarillo??

Paciente: -Sí, con dolor acá, en la panza. Y voté todita la comida .

Médica: Ahhh…bueno, ahora así.

 

O sea, el señor botó. Así le dicen a la acción de vomitar en el norte.

Nada grave, solamente una indigestión en un día electoral.


Poder de síntesis

14 Julio 2009

Pareja de pacientes norteños, alrededor de 60 años. Ella evidencia una marcada dificultad de expresión. Su marido la ayuda a explicarme lo que le estaba pasando.

Mujer: -Todo mal, todo roto.

Médica: -Ajá.

Mujer, elevando el tono: -Duelen huesos. Nerrrrrvios!!!

Médica: -Mmm…¿y desde cuándo le pasa eso?

Mujer, mirando al marido y con evidente fastidio: -Siempre. Mucho.

Médica: -¿Y dónde es que le duele?

Mujer, perdiendo la paciencia: -Todooooo!!!

Médica: -Bueno, no se ponga así. Necesito hacerle unas preguntas para entender qué le pasa.

Mujer, gritando: -Dije todo, duele ahí!!!

El marido acota: -Mire doctora, por ahí yo le explico mejor. Ella está nerviosa, llora, se aburre, le arden los huesos de la mente entre las comidas.

Médica (ay dios mío): – Pero necesito saber si eso le pasa en algún momento en especial, si es de hace una semana o 5 años…

Mujer,  enojada: -No bueno esto. Malo, maaaaaaalo. Duele. DUELEEEEE!!!

Médica: -Vamos a revisarla un poco, señora.

La mujer no quiere saber nada. No quiere que la toque ni que la ausculte.

Miro al marido con desesperación.

Marido: -Yo le resumo los hechos: mi señora está en descomposición total.


La chica ventaja

11 Julio 2009

Carla usa minifalda cortita de jean aunque sea invierno, sin medias y con tacos. Carla se maquilla con mucho rosa y tiene las uñas larguísimas; se ríe todo el tiempo a las carcajadas y siempre, pero siempre tiene la boca llena: galletitas, chicles, bizcochos salados, lo que sea. Carla está entrada en carnes, usa la ropa dos talles más chicos  y seduce descaradamente a cualquier tipo que se le cruce, especialmente a los que ella, en su loca cabeza, considera que tienen algún tipo de poder.

En el trabajo, mi relación con Carla se limita al saludo de entrada y de salida (a veces).  Ella tiene la costumbre de mirarme con mala cara, y casi siempre la ignoro . Pero un par de días antes de esto que voy a contar, empezó a saludarme con más efusión, casi con  fervor digamos, y  me imaginé que se venía algún tipo de mangazo.

El caso es que ayer Carla vino al consultorio a manguearme un certificado. Un apto médico, me dijo; una pavadita así nomás. Pero como no es ninguna pavadita, le pedí un electrocardiograma, un hemograma, una orina completa, una placa de tórax, y le dije que cuando tuviera eso viniera que le hacía el examen físico. Yo sonreía mientras firmaba órdenes de labotario, porque sabía que lo bueno estaba por empezar.

Listo.

Carla: -Ehhh…todo esto??

Yo: -Sí.

Carla: -Es para un gimnasio nada más…yo creo que todo esto no hace falta…

Yo (y a mí qué mierda me importa lo que creas vos): -Mirá vos, yo creo que sí.

Carla: -No me podés firmar un papelito diciendo que estoy sana y listo?

Yo: -Decime, no querés firmarme un cheque en blanco, que total después yo le pongo un número cualquiera,  y lo cobro?

Carla: -Ay, Lu, qué graciosa sos…tenés un humor…pero daaale, no me firmás algo así nomás? Porque justo quería empezar el gimnasio, y con todo eso voy a tardar como un mes…

Yo: -Lucía.

Carla: -¿Qué?

Carla: -Lucía, que me llamo Lucía. Y no, no te firmo ningún certificado sin ver antes esos estudios.

Carla, haciendo pucheros: -Che, qué estricta! Te juro que estoy sanita sanita! Dale, si soy tu amiga…dale, dale, porfi, un papelito y listoooo…

Yo (ay, se me puso la piel de pollo seee, mi “amiga”): -Vos no sos sos mi amiga, ni mi familiar, ni siquiera sos mi paciente.  Y aunque fueras algo de todo eso, te pediría esos estudios igual.

Carla: -¿Pero tantas cosas hay que pedir? El año pasado, Nacho, tu compañero, me lo firmó así nomás, ni me revisó…y encima, yo vi a mi clínico hace dos días y me olvidé de pedírselo.

Yo: -Mirá, te pido esas cosas porque soy responsable y amo mi matrícula, entendés? Lo que hagan los demás me importa un pito. Y si te lo firmó el año pasado, y no querés hacerte todo esto, andá y pedíselo a él.

Carla, furibunda: -Ufa, qué mala onda. Espero que nunca necesites un favor mío…

Yo: -Son 50 pesos.

Carla, desencajada: -¿Quéee?

Yo: -Que son 50 pesos.

Carla: -¿Cómo? ¿Por qué???

Yo: -Porque aunque vos seas una bruta irrespetuosa y ventajera, este es mi trabajo. Y hace 15 minutos que me estás rompiendo las pelotas con tu bendito certificado. Así que son 50 pesos, que es lo que vale mi tiempo; y conste que te hago precio.

Yo no sé qué le pasó: se puso toda roja, dio media vuelta y pegó un portazo tremendo. Después escuché cómo le rezongaba a su jefe, cómo puchereaba, diciendo: es mala, es malaaaaaaaa.

 

Gente  así merece ser lapidada en una plaza.

 


Error de cálculo

8 Julio 2009

Paciente joven, varón, paraguayo, con evidente dificultad para comprender y hablar  el español.

Paciente: -Vine porque me quemo.

Médica: -Eh? Cómo que te quemás?

Paciente: -Sí, me quemo acá (y hace señas mostrándome el área del estómago).

Médica: -Ah…tenés acidez?

Paciente: -…

Médica: -Ardor, tenés?

Paciente, con cara de vaca que ve pasar el tren: -…

Médica: -Digo, sentís que te arde la panza?

Paciente: -Sí, eso. Y que me salieron picores. Muchos.

Médica: -Qué te pica?

El paciente se levanta la remera y me muestra tremendas ronchas en el torso.

Médica: -Y estás tomando algún algún remedio?

Paciente: -Sí, de la guardia me dieron. Son estos.

Saca omeprazol de una bolsita, y un papel con las indicaciones escritas por el médico.

Médica: -Ah, esto está muy bien para la acidez, lo tomaste?

Paciente: -Sí, mucho.

Médica: -Mmm…es uno por día, cómo lo estás tomando?

Paciente: -Ah, yo tomo uno cuando me duele.

Médica: -No, no; es uno por día, por la mañana, y sin comer nada. Cómo que lo tomás cuando te duele?

Paciente, ofuscado: -Sí, el médico me dijo.

Miro la receta y leo, clarito: “un comprimido por día”

Médica: -No, Felipe. El médico te escribió “uno por día”, así es como se toma esto.

Paciente:- No. Me dijo cada 5, 7 o 9 horas.

Médica: -¿Qué?

Paciente: -Sí. Lo tomo así, cada 4 porque me duele mucho. Está acá, escrito.

Y me señala la fecha del día de la consulta: 5/7/09.

 

Moraleja: a veces no alcanza con explicar bien. Los pacientes, como los niños, son capaces de sacar  conclusiones sorprendentes.

 


Me parece que está muerto

25 Mayo 2009

5 am, noche de invierno, guardia de hospital público, muchísimo trabajo. Piden médico para un domicilio; subo a la ambulancia y me pasan un auxilio en la  estación de trenes de Flores. Pintaba mal, la verdad.

Al llegar a la estación veo como diez policías caminando por las vías y muchos, pero muchos bomberos. Un sargento me informa que hubo un accidente y me dice que necesitan  saber si el señor está muerto, porque no se mueve y parece que no respira. Ruego que esté vivo, que podamos sacarlo, que lo que vaya a ver no sea horrendo (sobre todo, eso).

Apurada y con todo el equipo listo, pregunto dónde está el paciente y un policía me contesta:

Policía: – La cabeza está ahí.

Médica: -Cómo la cabeza?? Me estás jodiendo?

Policía: -Sí, eso es lo que encontramos primero, pero estamos buscando el resto. El personal de bomberos está trabajando.

Médica: -Por dios, el tipo está todo desparramado, para qué  me llamaron? Dijeron que era una emergencia!!

Policía, mirando a lontananza: -Para que un médico certifique que está muerto.

Médica, sacada: -Pero vos sos pelotudo?? No te das cuenta solito de que el tipo está muerto??

Policía con cara de vaca que mira pasar el tren: -Es que un médico tiene que certificar el óbito.

Médica: -¿Son veinte tipos buscando pedazos y me decís que tienen que llamar al SAME para saber si el señor está muerto? Yo me voy a la mierda, infeliz. Llamá a uno de tus forenses, querés, y no me hagas perder el tiempo.

Lo peor es que esa situación bizarra, descabellada y nefasta sigue pasando. No importa que encuentren sólo la cabeza: lo importante es que un médico del sistema público afirme en un papelito pedorro que el tipo obitó. Los canas se ponen re contentos.